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martes, 21 de julio de 2026

Melktert: El ícono dulce de Sudáfrica que llegó a mi cocina por el Mundial


¡Hola a todos! Bienvenidos de nuevo al blog. Como muchos de ustedes ya saben, en cada Mundial tengo una hermosa tradición culinaria: preparar y escribir sobre algún platillo típico de los países que están compitiendo en la cancha. Es mi manera de unirme a la fiesta mundialista, viajando a través de los sabores desde mi cocina.

Esta vez, aprovechando que Sudáfrica está jugando en el torneo, decidí que era el momento perfecto para aventurarme con uno de sus más grandes íconos dulces: la tarta de crema sudafricana, conocida tradicionalmente como Melktert (o Milk Tart). Aunque ya tengo bastante experiencia horneando otros tipos de pay, nunca había preparado este postre. Al final, fue un éxito rotundo en casa: preparamos unas versiones individuales para probar y la tarta grande voló de la mesa en un abrir y cerrar de ojos.

Pero más allá de su delicioso sabor y esa textura cremosa espolvoreada con canela, lo que más me fascina es descubrir la historia detrás de cada rebanada. Nadie inventó el hilo negro en la cocina; las recetas viajan con las personas y se transforman con lo que hay en cada tierra. Hoy les quiero platicar cómo nació este postre y cómo una misma idea une a cocinas tan lejanas.

Para entender de dónde viene el melktert, tenemos que viajar en el tiempo hasta el siglo XVII, específicamente al año 1652. En esa época, los colonos holandeses de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales llegaron al Cabo de Buena Esperanza, en el sur de África.

In sus libros de cocina, los reposteros holandeses traían una receta medieval llamada meltart. Era un postre casero muy querido que consistía en una base de masa rellena con una natilla cocida a base de leche, harina y huevo. Sin embargo, al tocar tierra africana, la receta estaba a punto de transformarse para siempre.

Lo que hace que el melktert sea único y diferente a cualquier otro pay de leche es su aromático sello de canela. ¿Cómo llegó ahí? El Cabo de Buena Esperanza no era solo un asentamiento, sino un punto de escala crucial en las rutas marítimas que conectaban a Europa con Asia para el comercio de especias preciosas.

Con este movimiento de barcos, llegaron también cocineros y sirvientes de lugares como Indonesia, la India y Madagascar (la comunidad conocida como los Malayos del Cabo). Ellos enriquecieron la gastronomía local introduciendo especias exóticas. Fue así como la canela se integró de forma generosa a la crema de leche, regalándole ese aroma tan reconfortante que hoy conocemos.

Con el paso de las generaciones, las familias de los pioneros adaptaron la receta europea a la vida diaria del campo. Para hacerla más práctica y ligera, el método evolucionó: en lugar de las masas complejas, perfeccionaron una costra suave, y empezaron a incorporar las claras de huevo batidas a la crema, logrando una textura esponjosa y celestial que se deshace en la boca.

Hoy en día, el melktert es un verdadero emblema nacional en Sudáfrica, tanto así que cada 27 de febrero celebran el "Día Oficial de la Tarta de Crema".

             

Lo más bonito de este experimento fue darme cuenta de que en este mundo no hay nada privado. Una misma base de leche, huevos y harina viajó por el planeta y cada cultura le dio su propia firma, creando postres individuales maravillosos:

  • Portugal (Pastéis de Belém): Nacidos en un monasterio en Lisboa para aprovechar las yemas que sobraban, estos pastelitos apostaron por una masa de hojaldre súper crujiente y una crema que se hornea a temperaturas altísimas para que se caramelice por encima.

  • Francia (Flan Pâtissier): La versión francesa destaca por su elegancia. Es una tarta muy alta, densa y compacta, cuyo sello definitivo es el uso generoso de la vainilla natural en vaina y una superficie perfectamente dorada.

  • Inglaterra (Custard Tart): Un postre viejísimo que se servía en banquetes reales. Su toque individual es que se hornea desde crudo a fuego muy bajito y se espolvorea obligatoriamente con nuez moscada en lugar de canela.

  • Estados Unidos (Cream Pies): Fieles a su estilo abundante, los americanos cocinan la crema pastelera por completo en la estufa, la vierten fría sobre costras que a veces son de galleta molida y coronan todo con montones de crema batida o merengue alto.

  • Asia (Dan Tat): En las panaderías de Hong Kong y Macao, el encuentro entre Oriente y Occidente creó una tarta de huevo de textura impecable, brillante como un espejo, que no lleva ninguna especia para mantener un sabor puro y limpio a leche y huevo.

Como ven, el mundo entero está conectado a través de la mesa. Una misma idea puede cruzar océanos, pero siempre habrá un toque sutil —ya sea la canela sudafricana, la vainilla francesa o el hojaldre portugués— que nos recuerde la identidad de cada rincón del planeta.

Y a ustedes, ¿cuál de todos estos primos lejanos se les antoja preparar primero? ¡Los leo en los comentarios!

            

Melktert sudafricano

Costra:

  • 2 tazas de harina
  • 1 huevo
  • 100 gr mantequilla fría en cubos
  • 2 cucharadas de jarabe de agave
  • 1 pizca de sal
  • Agua helada la necesaria

Relleno:

  • 3 tazas de leche entera
  • 1 raja de canela
  • 1 cucharada de mantequilla
  • 2 cucharadas harina de trigo
  • 2 cucharadas de maicena
  • 3 huevos separados
  • 4 – 5 cucharadas de jarabe de agave
  • 1 cucharadita de vainilla

  1. En un tazón mezcle harina, sal y los cubos de mantequilla. 
  2. Con un tenedor desbarate la mantequilla con la harina hasta que parezca arena húmeda o pan molido grueso.  No utilice la mano para no transmitirle calor.  
  3. Agregue el huevo y el jarabe de agave, una todo rápidamente sin amasar de más, solo hasta que se forme una bola compacta.  
  4. Si la siente seca agregue una cucharadita de agua helada.  
  5. Envuelva en película plástica y deje descansar por 30 minutos.
  6. Extienda la masa con el rodillo y forre un molde para pay de 22 – 24 cm, pique con un tenedor en el fondo, cubra con papel para hornear y encima coloque unos frijoles crudos como peso, hornee a 180°C por unos 15 minutos, retire el peso y deje cocer otros 5 minutos más para que se dore ligeramente. 
  7. Saque y reserve.
  8. Ponga a calentar 2 ½ tazas de leche con la raja de canela y la cucharada de mantequilla. 
  9. Cuando suelte el hervor, apague y retire la canela.  
  10. En la media taza de leche restante, disuelva harina, maicena, jarabe de agave y las 3 yemas de huevo.  
  11. Revuelva bien y añada a la leche caliente y cocine a fuego medio bajo, moviendo para que espese y no se queme, como una crema pastelera densa.  
  12. Apague el fuego y agregue la vainilla.
  13. En un tazón limpio bata las 3 claras de huevo a punto de turrón, que formen picos duros y firmes.  
  14. Con una espátula y movimientos suaves y envolventes, integre las claras a la crema pastelera fría en tres tantos.
  15. Vierta el relleno esponjoso sobre la costra horneada, espolvoree de inmediato una capa generosa de canela en polvo por la superficie.  
  16. Deje que se enfríe completamente a temperatura ambiente y refrigere por un par de horas para que cuaje perfectamente. 


domingo, 19 de abril de 2026

Peras al hibisco

Hacía tiempo que no preparaba mis clásicas peras al vino tinto, un postre que solía repetir con frecuencia pero que, por alguna razón, había quedado en el olvido de mi recetario cotidiano. Fue Migue quien, con un comentario nostálgico el otro día, me recordó lo mucho que disfrutábamos ese plato. Como las peras son una de mis frutas predilectas y nunca faltan en mi frutero, decidí que era el momento de retomarlas, aunque esta vez sentí la necesidad de darles un giro distinto, algo que las alejara de lo convencional y las acercara más a los sabores que tanto nos identifican.

En lugar de descorchar una botella de tinto, mi mirada se cruzó con la bolsa de flores de jamaica que guardo en la despensa. Me di cuenta de que, a pesar de ser un ingrediente tan presente en mi cocina, apenas he profundizado en su historia dentro del blog. Así que puse manos a la obra con una propuesta diferente: peras al hibisco. Para equilibrar la intensa acidez de la flor, utilicé canela y jarabe de agave, logrando un almíbar profundo que no solo respetaba la esencia de la fruta, sino que la elevaba con un perfil de sabor mucho más vibrante y floral.

Mientras las peras se teñían de ese rojo carmesí casi hipnótico, me puse a investigar sobre el origen de esta flor que sentimos tan nuestra. Lo extraordinario es que la jamaica es una auténtica viajera; aunque hoy no concebimos una mesa mexicana sin su presencia, su cuna está en realidad en África tropical. Fue durante la época colonial cuando cruzó el océano para establecerse en nuestra tierra, demostrando que la gastronomía es un mapa en constante movimiento donde los ingredientes encuentran nuevos hogares y se transforman por completo.

Ver el tono tan brillante que adquirieron las peras en la olla fue una experiencia estética maravillosa. El hibisco tiene una capacidad de tinción natural que supera incluso al vino, dándole a la fruta una apariencia de joya comestible. Al agregar el jarabe de agave, logré una textura sedosa en el líquido que envolvía la suavidad de la pera, creando un contraste perfecto con el aroma amaderado de la canela que perfumó toda la casa durante la cocción.

Este experimento me recordó que a veces las mejores recetas nacen de la improvisación y de esos pequeños empujones de quienes nos rodean. Al final, estas peras al hibisco son un puente entre la tradición de un postre clásico y la historia de un ingrediente que recorrió el mundo para terminar en mi cocina. Es un plato sencillo pero cargado de simbolismo, ideal para cerrar una cena con una nota de elegancia rústica y un toque de historia en cada bocado.


Peras al hibisco

  • 3 peras mantequilla
  • 1 taza de flores de jamaica
  • 1 raja de canela
  • 2 tazas de jarabe de agave
  • Agua la necesaria
  • Almendras para decorar

 

  1. Lave y pele las peras, parta a la mitad y retire las semillas.  
  2. En una olla ponga aproximadamente 1 litro de agua y ponga la raja de canela y las flores de jamaica lavadas.  
  3. Ponga a fuego alto y cuando empiece a hervir agregue el jarabe de agave, deje hervir por al menos 5 a 6 minutos y ponga las mitades de peras.
  4. Deje hervir hasta que se cuezan las peras, alrededor de 20 minutos, retire las peras y reserve.  
  5. Deje que el jarabe se consuma un poco más a fuego fuerte.
  6. Sirva las peras bañadas con el jarabe de jamaica y las almendras picadas.


 

sábado, 1 de noviembre de 2025

Grunt de frutos rojos: el postre canadiense que burbujea y canta

El Blueberry Grunt es un postre tradicional del este de Canadá, especificamente de la provincia de Nueva Escocia, donde los arándanos crecen silvestres y abundantes. Su nombre curioso viene del sonido que hace al cocinarse: cuando las frutas comienzan a hervir lentamente bajo una capa de masa tierna, el postre “gruñe” o “resopla”, de ahí la palabra grunt, que en inglés significa literalmente “gruñido”. Es un plato humilde y cálido, creado en las cocinas rurales, donde las familias aprovechaban las frutas frescas del bosque para preparar algo reconfortante.

El postre combina lo mejor de dos mundos: la jugosidad de una compota de frutas y la suavidad de unos panecillos cocidos al vapor encima. Al tapar la cacerola, el vapor hace que la masa crezca y absorba los aromas de las frutas, logrando una textura esponjosa por dentro y brillante por fuera. Tradicionalmente se sirve tibio, acompañado con crema, nata o helado de vainilla. Es un clásico que, como muchos postres de campo, nació de la sencillez y del deseo de aprovechar lo que la naturaleza ofrecía.

En su versión más conocida, el grunt se prepara con arándanos azules, pero en mi cocina decidí adaptarlo a lo que tenía a mano: una mezcla de frutos rojos que incluía fresas, frambuesas y moras. El resultado fue un postre de colores intensos, dulce pero con un toque de acidez, que llena la casa con un aroma delicioso. Al escucharlo burbujear en la olla entendí perfectamente por qué los canadienses dicen que “el postre canta”.

Hacerlo así, con frutos variados, fue casi un juego de curiosidad y de amor por lo que hay disponible. Esa es también parte del espíritu de la cocina canadiense y de muchas cocinas del mundo: adaptar, aprovechar, transformar. Quizá por eso este postre se ha mantenido vigente por generaciones; porque cambia con cada hogar, con cada temporada y con cada cocinero.

Mientras lo servía, todavía tibio, pensé que este grunt de frutos rojos es una muestra de cómo los sonidos y aromas de la cocina pueden contar historias. Lo que empezó como un postre sencillo de campo en Canadá, hoy puede sentirse cercano, casero y familiar, incluso a kilómetros de distancia. Y es que, como todo buen platillo tradicional, tiene alma propia: burbujea, canta y alegra.

Grunt de frutos rojos

  •  4 tazas de frutos rojos
  • ½ taza de azúcar
  • ½ taza de agua
  • 1 cucharadita de jugo de limón
  • 1 cucharadita ralladura de limón
  • 1 rama pequeña de canela

Masa:

  • 1 taza de harina de trigo
  • 1 cucharadita de polvo para hornear
  • ¼ cucharadita de sal
  • 2 cucharadas de mantequilla en cubos
  • ½ taza de leche

 

  1. En una cacerolita coloque los frutos rojos, el azúcar, el agua, el jugo de limón y la rama de canela. 
  2. Cocine a fuego medio hasta que los frutos rojos de cuezan y formen un jarabe espeso, alrededor de 10 minutos.
  3. Mientras tanto, prepare la masa: mezcle harina, polvo para hornear y sal.  
  4. Añada la mantequilla y desmenuce con los dedos o un tenedor hasta que parezca arena. 
  5. Incorpore la leche hasta formar una masa suave y un poco pegajosa.
  6. Cuando los frutos rojos estén listos, retire la raja de canela y añada la ralladura de limón.  
  7. Si desea una preparación más tersa, puede licuarlos o machacarlos.  
  8. Con una cuchara, coloque montoncitos de la masa sobre la fruta hirviendo. 
  9. Tape bien la cacerola y deje cocinar a fuego bajo, unos 18 – 20 minutos, sin destapar, para que la masa o dumplings se cuezan al vapor.
  10. Sirva caliente, acompañado de crema batida o helado de vainilla.


       


miércoles, 8 de octubre de 2025

Kissel: el postre ruso que viajó hasta Canadá

El kissel es uno de esos postres que parecen sencillos, pero que encierran siglos de historia. Su origen se remonta a la antigua Rusia, donde en lugar de frutas se hacía con granos como avena, centeno o trigo. Era un alimento humilde, barato y nutritivo que servía para saciar el hambre en tiempos de escasez. De hecho, en crónicas medievales se cuenta cómo, durante un asedio a la ciudad de Kiev, los habitantes lograron sobrevivir preparando kissel de avena con agua de pozo, lo que llevó a los invasores a creer que aquel lugar tenía fuentes mágicas de alimento.

Con el tiempo, y gracias a la llegada del azúcar, el kissel se transformó en un postre dulce y frutal. Se prepara con jugos o pulpas de cereza, frambuesa, grosella o arándanos, espesados con fécula para darle esa textura tan particular: ni bebida ni gelatina, sino un punto medio. Puede servirse tibio, como una bebida reconfortante, o más denso, para comer con cuchara y acompañar con leche, crema o panecillos.

Su importancia cultural es tal que incluso dejó huella en el lenguaje ruso. Existe la expresión “vivir como en kissel”, que significa vivir en abundancia, porque este postre representaba alimento seguro y hospitalidad. También se le atribuyen cualidades medicinales, ya que su textura suave lo hacía ideal para calmar el estómago, al grado de que en la época soviética se vendía incluso en versiones instantáneas como parte de la dieta cotidiana.

El viaje del kissel fuera de Rusia y Ucrania se dio a través de la migración. Comunidades de Europa del Este que llegaron a Canadá en los siglos XIX y XX lo llevaron consigo como parte de su herencia culinaria. En esas nuevas tierras lo adaptaron a los ingredientes locales, y los arándanos canadienses, tan abundantes en bosques y praderas, se convirtieron en protagonistas. Así, el kissel encontró un nuevo hogar en las cocinas de las familias inmigrantes, como un puente entre los recuerdos de la tierra natal y la vida en el nuevo continente.

Preparar kissel hoy en día es, en cierto modo, un acto de conexión con esa tradición. Yo misma lo hice en casa, y al probarlo sentí que estaba sirviendo en mi mesa un pedacito de historia. En cada cucharada se mezclan la sencillez de los ingredientes con la riqueza de las historias que lo acompañan: de alimento humilde a postre festivo, de las leyendas rusas hasta los bosques de Canadá, y ahora hasta mi cocina.

El kissel demuestra que, a veces, lo más simple puede ser también lo más profundo. Entre su dulzura y su espesor, hay relatos de supervivencia, dichos populares, recuerdos de familia y la calidez de algo hecho para compartir. Tal vez por eso ha viajado tanto y se ha mantenido vivo: porque en su esencia late la hospitalidad y el sabor de hogar.

Kissel

  • 500 gr frutos rojos mezcla o al gusto
  • 4 tazas de agua
  • ½ taza de azúcar
  • 3 cucharadas de fécula de maíz
  • El jugo de 2 limones

  1. Coloque la fruta picada con tres tazas de agua y el azúcar en una olla. 
  2. Hierva a fuego medio hasta que las frutas suelten todo su sabor, alrededor de 10 minutos.
  3. Con una batidora de mano muela las frutas, si lo quiere en trocitos o muy terso.
  4. Diluya la maicena en la taza de agua restante y agregue poco a poco a la mezcla caliente moviendo constantemente para que no se formen grumos.
  5. Cocine unos minutos más, hasta que hierva para que la maicena se cueza. 
  6. Sirva tibio o frio.  Decore con una rosa de crema chantilly, si lo desea.

jueves, 10 de julio de 2025

Pastel de cumpleaños




Aunque por algún tiempo hice casi nada de repostería, siempre me ha gustado hacer y regalar algo preparado. Siempre que iba a alguna reunión o a visitar a alguien, llevaba algo hecho por mí; un postre, bocadillo o lo que fuera.

Queda por entendido que, cuando se acercaba el cumpleaños de algún familiar o amigo, mi esposo era el encargado de llevar a la casa de nuestro ser querido, un pequeño pastel elaborado por mí, no importaba si hacían fiesta o no, ni tampoco si era entre semana o en fin de semana.

Por supuesto, cuando era el cumpleaños de alguien de aquí de casa, le hacía su pastel o el postre que le gustara más.  En ocasiones hacía el postre y de paso el pastel de cumpleaños.

Ahora que a estoy otra vez haciendo cosas en la cocina y como se acercaba el cumpleaños de uno de mis hijos, me dispuse a hornear este pastel de cumpleaños.  Realmente es un pastel muy rico, los panes quedan como panetelas.  Las panetelas son panes que venden en los mercados en Villahermosa, Tabasco, de donde soy oriunda.

Pastel de cumpleaños

  • 2 tazas harina
  • 1 ¼ cucharadita sal
  • 2 cucharaditas polvo para hornear
  • 4 huevos
  • 2 tazas azúcar
  • 1 cucharada vainilla
  • 1 taza leche
  • 60 gr mantequilla
  • 1/3 taza aceite

Cobertura

  • 1 ¼ tazas cocoa en polvo
  • 4 tazas azúcar glass
  • ¼ cucharadita sal
  • 1/3 taza agua caliente
  • 1 cucharada vainilla
  • 290 gr mantequilla suavizada

 

  1. Precaliente el horno a 175°C y engrase dos moldes de 23 o 25 cm. 
  2. Cubra con papel para hornear, vuelva a engrasar y enharinar.
  3. En un tazón mezcle harina, sal y polvo para hornear.  Reserve.  
  4. En el tazón de la batidora eléctrica bata los huevos, azúcar y vainilla hasta que cambien de color y espesen, aproximadamente 2 minutos. 
  5. Agregue los ingredientes secos y mezcle a mano, solamente hasta que se integre.
  6. En una olla, a fuego medio o en el microondas ponga la leche a que casi hierva, retire del fuego y agregue el aceite y la mantequilla y mezcle hasta que se integre bien.
  7. Lentamente, mezcle la preparación caliente al batido y revuelva suavemente, hasta que esté suave.  
  8. Divida la mezcla en los dos moldes preparados y hornee hasta que estén cocidos y las orillas se separen de los bordes, de 30 a 35 minutos.
  9. Retire los moldes del horno y deje enfriar a temperatura ambiente. 
  10. Saque los panes ya fríos de los moldes, desprenda el papel de hornear y divida cada pan en dos capas.
  11. Prepare la cobertura, ponga en el tazón de la batidora el polvo de cocoa, 1 taza de azúcar glass, sal y bata.  
  12. Agregue el agua caliente y la vainilla y raspe el fondo para que se integre todo bien.  
  13. Añada la mantequilla y el azúcar restante y bata hasta que quede cremosa y esponjosa. 
  14. En un platón ponga una pieza de pastel y cubra con la mezcla de chocolate, acomode el segundo piso del pan, y ponga chocolate, así como el tercer piso y cuando ponga el último piso del pastel cubra con el resto del chocolate, los bordes y arriba.
  15. Ponga el pastel en el refrigerador por al menos dos horas para que esté firme para rebanarlo.  Decore el pastel a su gusto.

 


miércoles, 22 de enero de 2025

Cuadros de maracuyá

El maracuyá, cuyo nombre científico es Passiflora edulis, también conocido como fruta de la pasión, tiene sus orígenes en las selvas tropicales de América del Sur, especialmente la cuenca del Amazonas, donde las tribus indígenas lo valoraban por su distintivo sabor y propiedades medicinales.

Con el tiempo, los exploradores europeos quedaron fascinados por esta fruta exótica durante sus expediciones en el continente sudamericano, llevándola consigo en su regreso a Europa. Así se marcaría el inicio de la propagación del maracuyá por todo el mundo.

En el siglo XIX, el maracuyá se estableció como un cultivo importante en varias regiones tropicales, especialmente en países como Brasil, Colombia y Ecuador.  Su versatilidad en la cocina y su atractiva pulpa jugosa con semillas comestibles lo convirtieron en un ingrediente apreciado.  A medida que la globalización se expandía, el maracuyá encontró nuevos hogares en climas propicios, contribuyendo a su presencia en diversas cocinas y culturas. 

Hoy en día, es símbolo de la rica biodiversidad de América del Sur y una deliciosa adición a numerosas recetas en todo el mundo.  Su historia se entrelaza con la exploración, la diversidad cultural y la apreciación global de los sabores tropicales.

Al hacer y compartir esta receta de cuadros de maracuyá, siento que llevo conmigo la historia de su viaje desde las selvas hasta la cocina.

Cuadros de maracuyá

Base:

  • 170 gr mantequilla sin sal derretida
  • ¾ taza de coco seco
  • ½ taza de azúcar
  • 200 gr de harina

Relleno:

  • 1 lata leche condensada
  • ¼ taza jugo de limón
  • ½ taza pulpa de maracuyá colada

Cubierta:

  • ½ taza pulpa de maracuyá colada
  • 1 ½ cucharaditas grenetina
  • ¼ taza azúcar
  • ¼ taza agua fría
  • 1 cucharadita semillas maracuyá

 

Base: 

  1. Precaliente el horno a 180°C 
  2. Forre un molde cuadrado de 22 cm con papel de hornear. 
  3. En un tazón mezcle harina, coco, azúcar y la mantequilla derretida, vierta en el molde preparado y presione.  
  4. Hornee por 25 minutos.

 

Relleno: 

  1. Bata leche condensada, jugo de limón y la pulpa colada de maracuyá, vierta sobre la base horneada. 
  2. Hornee por otros 15 minutos hasta que esté firme. 
  3. Deje que se enfría antes de agregar la cobertura.

 

Cobertura: 

  1. Ponga la pulpa de maracuyá en una olla y esparza la grenetina en la superficie. 
  2. Deje que se hidrate por 5 minutos. 
  3. Caliente hasta que la grenetina se disuelva, agregue el azúcar hasta que se incorpore, no permita que la mezcla hierva. 
  4. Agregue el agua y añada la cucharadita de las semillas. 
  5. Mezcle bien, vierta sobre la preparación horneada. 
  6. Deje reposar hasta que se cuaje, alrededor de 2 horas, corte y sirva.


viernes, 8 de noviembre de 2024

Tostadas de plátano asado con miel y cacahuates

 

Las tostadas de plátano asado con miel y cacahuates combinan una deliciosa mezcla de texturas y sabores que despiertan los sentidos. El dulzor natural del plátano se realza con el toque caramelizado del asado, mientras que el crujido de los cacahuates contrasta perfectamente con la suavidad del requesón. Esta receta no solo es un placer para el paladar, sino que también es fácil de preparar, ideal para un desayuno o merienda lleno de energía.

El plátano, protagonista de esta receta, tiene una historia fascinante. Aunque hoy lo consideramos un alimento común, los plátanos que conocemos provienen del sudeste asiático, específicamente de la región que hoy comprende Malasia, Indonesia y Filipinas. Se cree que los primeros cultivos de plátanos domesticados datan de hace unos 7.000 años, y a lo largo de los siglos se extendieron por todo el mundo gracias a los comerciantes árabes y, más tarde, los colonizadores europeos. Curiosamente, la mayoría de los plátanos modernos que comemos hoy son de la variedad Cavendish, que se popularizó tras una enfermedad que arrasó con la anterior variedad más común.
Por otro lado, el pan, ese acompañante tan versátil, tiene una historia aún más antigua. Se remonta a unos 12.000 años en la región del Medio Oriente, donde las primeras civilizaciones empezaron a cultivar trigo y otros cereales. El pan, en sus diversas formas, ha sido un pilar en muchas culturas, desde las sencillas tortillas en América hasta las hogazas de Europa. Su versatilidad lo convierte en el complemento perfecto para casi cualquier alimento. En esta receta, el pan tostado añade el crujiente necesario para equilibrar la suavidad del plátano y el requesón.
Un detalle simpático de esta receta es que combina ingredientes que, históricamente, provienen de distintas partes del mundo. Mientras que los plátanos tienen sus raíces en Asia, el pan y la miel están profundamente ligados a la dieta de las civilizaciones mediterráneas y europeas. Los cacahuates, por su parte, son originarios de América del Sur, lo que convierte este platillo en una mezcla cultural deliciosa. Es un pequeño reflejo de cómo los alimentos de diferentes orígenes pueden fusionarse en algo sencillo pero especial.
En definitiva, estas tostadas de plátano asado con miel y cacahuates no solo son un deleite gastronómico, sino también un pequeño viaje por la historia de algunos de los ingredientes más antiguos y apreciados del mundo. Al prepararlas, no solo disfrutarás de un bocado delicioso, sino que también honrarás una larga tradición de comercio y cultura alimentaria. 

Tostadas de plátano asado con miel y cacahuates

  • 4 rebanadas de pan
  • 4 plátanos, cortados por la mitad a lo largo
  • 4 cucharadas de requesón
  • ¼ taza de miel
  • 100 g de cacahuates tostados

 

  1. Tueste las rebanadas de pan por ambos lados, así como las mitades de plátano.
  2. Mezcle el requesón con dos cucharadas de miel, o ajuste al gusto.
  3. Esparza el requesón sobre las rebanadas de pan tostado.
  4. Coloque dos mitades de plátano asado sobre cada tostada.
  5. Rocíe con miel y espolvoree los cacahuates tostados por encima.
  6. Sirva y disfrute.

 

viernes, 9 de agosto de 2024

Crema de queso y mango

El “Petit Suisse” es un tipo de queso fresco de origen francés, conocido por su textura cremosa y su sabor suave.  Su historia se remonta al siglo XIX, cuando fue creado por un fabricante de quesos suizo llamado Daniel Peter.

Peter, que era conocido por su experiencia en la producción de lácteos, desarrolló una receta especial de queso fresco que fuera fácil de digerir y apetitoso para los niños.  En 1857, presentó su creación en la Exposición Universal de París, donde ganó una medalla de oro y atrajo la atención de muchos.

El nombre “Petit Suisse” se atribuye a la forma del queso, que originalmente se vendía en pequeños recipientes cilíndricos. Pronto se convirtió en un alimento popular en toda Francia y más allá, especialmente entre niños, debido a su sabor suave y su textura cremosa.

Con el tiempo, el Petit Suisse se ha convertido en un elemento básico en muchos países, y se ha utilizado en una variedad de recetas, desde postres hasta platos salados. Su versatilidad y su reputación como un alimento nutritivo han contribuido a su longevidad y popularidad a lo largo de los años.

Crema de queso y mango

 

  • 800 g pulpa de mango
  • 250 g queso crema
  • 250 g queso panela
  • ½ taza azúcar
  • 200 g crema
  • ¼ taza azúcar extra
  • 60 g granillo de almendra caramelizada

 

  1. Muela en la licuadora el mango con la ½ taza de azúcar, vierta 300 gr del puré de mango en un tazón. 
  2. Licue el resto del puré con el queo crema y el queso panela, a que quede una crema muy fina. Añada la crema y el azúcar extra, bata nuevamente.
  3. Sirva en cada vaso o copa unos 30 g de puré de mango y cubra con la crema de mango sin llegar hasta arriba.  Así hasta que se terminen las preparaciones.  
  4. Decore con las almendras caramelizada.

lunes, 22 de julio de 2024

Pop Tarts caseras


En un cálido sábado por la mañana, con el aroma a café recién hecho llenando la cocina, decidí sorprender a mi familia con un pequeño festín.  Inspirada por una receta que había encontrado, me aventuré a preparar Pop Tras caseras para mis queridos nietos.  Con cuidado y cariño, mezclé los ingredientes, extendí la masa y rellené cada una con una generosa porción de mermelada de fresa.

Mientras las Pop Tarts se doraban en el horno, el delicioso olor llenó la casa atrayendo a todos hacia la cocina con la promesa de un desayuno especial. Mis nietos, con ojos brillantes y sonrisas radiantes, se sentaron a la mesa ansiosos por probar mi creación.  Sus risas y emociones contagiosas llenaron el aire mientras compartíamos historias y anticipábamos el primer bocado.

Al sacar las Pop Tarts doradas y crujientes del horno, el aroma tentador invitó a mi esposo e hijos a unirse a la celebración.  Con cada mordisco, el relleno dulce y la masa escamosa deleitaron sus sentidos, y pronto se convirtió en una carrera por quién podía comer más.

El tiempo pasó volando entre risas, charlas y el dulce sabor de las Pop Tarts caseras. Fue un momento sencillo pero significativo, donde el amor y la alegría se entrelazaron con cada bocado.  Ver las sonrisas de satisfacción en los rostros de mi familia llenó mi corazón de felicidad, recordándome una vez más el poder de la cocina para unir a las personas y crear recuerdos duraderos.

Esa mañana, las Pop Tarts no solo fueron un desayuno, sino un símbolo de amor compartido y momentos preciosos en familia que atesoraríamos para siempre.

Por cierto, las Pop Tarts son un clásico aperitivo estadunidense creado por Kellogg’s que consiste en un relleno con sabor sellado dentro de dos capas de masa rectangular y delgada.

Pop Tarts caseras

  •  350 gr harina
  • 2 cucharadas azúcar
  • 1 cucharadita sal
  • 200 g mantequilla sin sal, fría
  • 5 cucharadas de leche
  • 400 gr mermelada de fresa o al gusto

Cubierta:

  • 100 gr azúcar glas
  • Leche la necesaria
  • Decoración al gusto

 

  1. En un tazón mezcle harina, azúcar y sal, agregue la mantequilla cortada en cubos y pellízquela con los ingredientes secos hasta que no haya trozos de mantequilla grandes y la mezcla parezca migas de pan.  También puede ponerlo en una procesadora para que se forme la masa. Agregue la leche y amase levemente. 
  2. Envuelva en película plástica y deje descansar en el refrigerador por al menos 1 hora.
  3. Engrase y enharine charolas de hornear o cubra con papel para hornear. 
  4. Estire la masa en una mesa enharinada levemente, a que quede de 2 mm de grosor. 
  5. Corte rectángulos de 10 cm x 8 cm. 
  6. Ponga las piezas de masa en las charolas preparadas, ponga mermelada en el centro, dejando 5 mm sin mermelada en el borde. 
  7. Pinte los bordes sin mermelada con un poco de leche y tape con otro rectángulo.
  8. Selle los lados presionando con los dedos y luego con un tenedor.
  9. Precaliente el horno a 180°.
  10. Con un palillo haga 3 agujeros en la Pop Tart para que pueda escapar el vapor de la mermelada.  
  11. Pinte las Pop Tarts con la leche. 
  12. Hornee por 15 minutos o hasta que estén ligeramente doradas.
  13. Cuando las Pop Tarts estén completamente fríos haga la cubierta. 
  14. Ponga el azúcar glas en un tazón y agregue la leche por cucharadas. 
  15. Mezcle con un batidor de globo, hasta que tenga un glaseado espeso. 
  16. Con una cuchara ponga la mezcla sobre las Pop Tarts y esparza grajeas de colores.

 

viernes, 5 de julio de 2024

Galletas de crema


Con entusiasmo, preparé la masa para las galletas, añadiendo una pizca extra de amor al incorporar la cremosa textura que las distinguiría.  Utilizando los cortadores favoritos de mi preciosa nieta que prometían deleitar el paladar de los invitados, pues celebrábamos su cumpleaños.

Sin embargo, la fragancia tentadora que emanaba del horno fue irresistible, y pronto las galletas recién horneadas desaparecieron una tras otra antes de que pudiera siguiera considerar decorarlas.  La combinación perfecta de suavidad y dulzura atrajo a todos y las galletas con crema se convirtieron en el centro de atención, incluso antes de la llegada de la fiesta.

Aunque las galletas no llegaron a ser adornadas como había planeado, la alegría en los rostros de quienes las saborearon llenó la habitación con una energía cálida y festiva.  La felicidad compartida al disfrutar de cada bocado creó un momento especial y espontáneo que quedará grabado en la memoria de todos, convirtiendo la preparación de las galletas en una experiencia aún más memorable.

Galletas de crema

  •  200 gr mantequilla
  • 1 ½ tazas azúcar
  • 2 huevos
  • 1 taza crema
  • 2 cucharaditas de vainilla
  • 4 tazas harina
  • 2 cucharaditas polvo de hornear
  • 1 cucharadita bicarbonato
  • ¼ cucharadita sal

  1. Gata la mantequilla con el azúcar hasta que estén acremadas, incorpore los huevos, la crema, la vainilla bata hasta que esté todo integrado. 
  2. En otro tazón, cierna la harina, polvo para hornear, bicarbonato y sal. 
  3. Lentamente añada los ingredientes secos con los ingredientes húmedos y mezcle.  La masa se verá pegajosa y muy suave.
  4. Divida la masa en dos, forme discos con cada uno de ellos y envuelva con película plástica, refrigere por al menos 4 horas o también lo puede congelar por al menos 1 hora.
  5. Precaliente el horno a 200°C, prepare algunas charolas con papel de hornear. 
  6. En la mesa bien enharinada extienda la masa de 1 cm, con cortadores de galleta enharinados corte las galletas.  
  7. Coloque en las bandejas preparadas separadas por al menos 2 cm.
  8. Hornee las galletas de 10 a 12 minutos. Deje que se enfríen en la charola, remueva con una espátula. Decore a su gusto.

jueves, 18 de abril de 2024

Pastel húmedo de manzana

 

Este pastel es muy jugoso y debe esa propiedad a que utilizamos caramelo en la parte inferior del molde, como si estuviéramos haciendo un flan.

Cuando utilizamos caramelo nos remontamos a la cocina francesa y española, donde el flan tiene sus raíces.  La historia exacta del origen del caramelo en el flan o pan no está totalmente documentada, pero se cree que su uso se desarrolló a medida que el flan se popularizó en Europa y América latina durante los siglos XVIII y XIX.

El caramelo cuando se hornea se derrite y se convierte en un delicioso jarabe que cubre la parte superior de nuestra preparación una vez que se desmolda.  Al añadirle el caramelo a este pan o pastel, no solo agregamos el sabor dulce tostado, sino que también le proporcionamos un contraste de texturas con las nueces, pasas y manzanas, entre crujiente y pegajosa.  También la acidez de la manzana con la dulzura del caramelo crea un agradable contraste de sabores en cada bocado.  Además, el caramelo añade un brillo muy atractivo y una presentación elegante a este pan de manzana una vez que este horneado y se sirva.

En resumen, agregar caramelo al pan de manzana puede ser una forma deliciosa de mejorar su sabor y presentación.  Sin embargo, es importante tener en cuenta que el caramelo puede hacer que el pan sea más dulce, así que ajusta la cantidad según tus preferencias personales.

Pastel húmedo de manzana

  • Azúcar para caramelizar el molde
  • 4 – 5 manzanas
  • ½ taza de pasitas remojadas en vino
  • ½ taza de nueces picadas
  • 1 taza de harina
  • 1 cucharadita de polvo para hornear
  • 1 taza de azúcar
  • 4 huevos batidos
  • ½ litro de leche
  • 1 cucharada de esencia de vainilla

 

  1. Haga un caramelo y vierta sobre el molde que vaya a utilizar. Precaliente el horno a 170°C.
  2. Corte las manzanas peladas en rebanadas delgadas y coloque sobre el caramelo, también ponga las pasitas y las nueces.
  3. Cierna la harina con el polvo para hornear y el azúcar y esparza sobre las manzanas.  
  4. En un tazón bata los huevos con la leche y la vainilla, esparza en el molde sobre la harina, suavemente para que vaya penetrando en los ingredientes secos.
  5. Meta el molde al horno a baño maría por una hora aproximadamente, o cuando introduzca una brocheta esta salga seca.  Desmolde cuando esté frío.

 


jueves, 7 de marzo de 2024

Chutney de manzana


Siempre me ha gustado guisar y preparar cosas nuevas para mi familia, en esta ocasión me interesé por el “chutney” que es un acompañamiento de la cocina de la India.  El chutney o chatni es un condimento un poco extraño pues es un poco dulce, un poco salado, un poco o en ocasiones un mucho picante.  Se elabora con frutas, verduras, o hierbas, con vinagre, azúcar y algunas especias y es utilizado para resaltar el sabor de un plato. 

En la actualidad se le dice chutney a cualquier cosa que es conservada en azúcar y vinagre, independientemente de su textura, ingredientes o consistencia. 

El chutney o chatni es muy importante en la India pues se sirve con todo, desde arroz, pan o platos de curry.  En algunos lugares tienen chutneys específicos para algún plato como por ejemplo el chutney de cebolla lo utilizan para carnes asadas, o el de manzana con algún queso como el brie o el queso de cabra, el chutney de tamarindo lo utilizan para hornear alguna pieza de carne o pollo.

En Europa y en los Estados Unidos utilizan este producto mas familiarmente como un producto envasado, en América esta preparación es poco conocida aunque ya con la globalización podremos esperar que en un futuro no muy lejano la comida de la India venga para quedarse con nosotros, como muchos platillos que ya son “mexicanos”.

 

Chutney de manzana

 

 

1 kilo manzanas peladas y en cubitos

1 cebolla pequeña en cubos

1 chile jalapeño en cubos

1 cucharada de ajo picado

1 taza de azúcar morena o miel

1 taza de vinagre de manzana

1 taza de pasitas

1 cucharada de canela molida

1 cucharadita de jengibre molido

1 cucharadita de allspice

 

Coloque todo en una olla y hierva 45 – 60 minutos hasta que espese.  Sirva cuando esté frío.

 

Se puede envasar, hirviéndolo en frascos de vidrio y almacenar en lugar fresco.

 

 




jueves, 29 de febrero de 2024

Clafoutis de piña y ron

El clafoutis tiene sus raíces en la región de Limousin, en Francia.  Se cree que se originó en el siglo XIX.  Originalmente se preparaba con cerezas negras, que se dejaban con los huesos para dar sabor al postre, pero hoy en día se hacen variaciones con diferentes frutas.

La piña es originaria de América del Sur, específicamente de la región del Paraguay, Brasil y norte de Argentina.  Fue domesticada y cultivada por pueblos indígenas en estas áreas mucho antes de la llegada de los europeos.  Luego se propagó por América Central y el Caribe, donde los europeos la encontraron durante sus exploraciones en el continente americano.

Una característica distintiva del clafoutis es su textura única, que se sitúa entre un budín y un pastel.  La masa, que se asemeja a una mezcla entre crepe y hotcake o pancake, envuelve las frutas, creando una combinación de sabores y una textura suave y reconfortante.  Además, es común encontrar que la fruta utilizada en el clafoutis aporta un toque jugoso y dulce, mientras que la masa tiene a ser sutilmente dulce y ligeramente cremosa.  Se sirve típicamente tibio, a menudo espolvoreado con azúcar glas, lo que añade un toque final de dulzura y una presentación elegante.

Clafoutis de piña y ron

  • 150 g harina
  • 200 g piña
  • Ron al gusto
  • 100 g azúcar
  • 4 huevos
  • ¼ taza leche
  • 30 gr mantequilla
  • 1 pizca de sal

 

  1. Precaliente el horno a 190°C, Enmantequille un molde de pay.
  2. En un recipiente derrita la mantequilla. 
  3. Ponga los huevos en un tazón y bata con un batidor de globo.  
  4. Agregue el azúcar, la harina, la mantequilla derretida, la leche y la pizca de sal. Mezcle hasta que la pasta esté suave.
  5. Pique la piña y dispóngala en el fondo del molde preparado, rocíe con una cucharada extra de azúcar y el ron que vaya a utilizar. 
  6. Vierta la mezcla.
  7.  Hornee por 25 – 30 minutos, hasta que esté cuajado y se dore ligeramente.
  8. Retire del horno, deje entibiar y espolvoree azúcar glas, si lo desea.


sábado, 17 de febrero de 2024

Pastel de dátiles y nueces

La historia del dátil se remonta a miles de años, siendo una de los primeros frutos cultivados por la humanidad.  Originario de  Medio Oriente y el norte de África, el dátil ha desempeñado un papel crucial en la dieta y la cultura de estas regiones.  Los primeros registros del cultivo de dátiles datan de al menos 6,000 años, con evidencia arqueológica que muestra su presencia en la antigua Mesopotamia y en el Valle del Indo.

Civilizaciones como la egipcia y la mesopotámica consideraban a los dátiles como símbolos de prosperidad y longevidad.  A lo largo de la historia, los dátiles han sido una fuente valiosa de alimento en climas áridos, gracias a la resistencia de la palma datilera a condiciones desérticas.  La propagación de la cultura de los dátiles se llevó a cabo a través de rutas comerciales, desde el norte de África hasta el Mediterráneo y Asia.

Uno de los registros más antiguos del dátil, se da en la literatura. Los dátiles son menciados en la Anabasis, de Jenofante, alumno de Sócrates, así como Heródoto que lo incluía entre los materiales necesarios para el ritual de momificación egipçio. En textos sagrados, como la Biblia y el Corán, son mencionados como alimentos nutritivos y bendiciones de la tierra. Con el tiempo, la introducción de la palma datilera en otras partes del mundo, como España y el sur de California, llevó a la expansión global de la producción de dátiles.  Hoy en día, los dátiles son apreciados no solo por su dulzura y valor nutricional, sino también por la rica historia que llevan consigo, siendo testigos de civilizaciones antiguas y parte integral de tradiciones culinarias en diversas culturas.

Pastel de dátiles y nueces

 

  • 1 ½ tazas de almendras molidas
  • ¼ cucharadita de bicarbonato
  • ¼ cucharadita de sal
  • 3 huevos
  • ¼ taza aceite
  • ¼ taza jarabe de inulina
  • 2 cucharaditas de vainilla
  • 1 taza nueces peladas y partidas
  • 1 taza de dátiles deshuesados y partidos

 

Precaliente el horno a 170°C, forre con papel de horno dos moldes de panqué.

En un tazón mezcle los ingredientes secos como las almendras, bicarbonato, sal, nueces y dátiles.  En otro tazón revuelva los ingredientes líquidos: los huevos, aceite jarabe de inulina y vainilla. Incorpore los ingredientes líquidos en los secos y revuelva bien.  Vierta en los moldes preparados y hornee alrededor de 20 – 25 minutos hasta que al introducir un palillo este salga seco. 

Retire del horno y deje enfriar.  Sirva.