Mostrando las entradas con la etiqueta Queso. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Queso. Mostrar todas las entradas

domingo, 5 de julio de 2026

Lasaña a la boloñesa: El arte de cocinar con paciencia e historia para los que más quiero


La cocina tiene la maravillosa capacidad de hacernos viajar en el tiempo, y pocas recetas tienen un pasado tan fascinante como la lasaña a la boloñesa. Aunque hoy la consideramos un emblema indiscutible de Italia, sus raíces se hunden en la antigüedad grecorromana, donde la palabra lasanon se usaba para designar el recipiente en el que se cocinaba. Con el paso de los siglos, los romanos adoptaron el término como lasanum y comenzaron a preparar las lagana, que eran finas tiras de masa de trigo horneadas o fritas junto con legumbres y carnes. Aquel pastel salado primitivo distaba mucho de lo que conocemos hoy, pero sembró la semilla de un clásico universal.

El verdadero punto de inflexión ocurrió durante la Edad Media, cuando se introdujo la costumbre de hervir las láminas de pasta en agua o caldo antes de armar las capas. El famoso manuscrito napolitano del siglo XIV, Liber de Coquina, registró por primera vez una versión donde la pasta cocida se intercalaba con queso rallado y especias para luego llevarse al horno. Sin embargo, la magia definitiva llegó siglos más tarde con el descubrimiento de América y la llegada del tomate a tierras italianas, un ingrediente que transformaría la gastronomía europea para siempre.

Fue en la próspera región de Emilia-Romaña, concretamente en la ciudad de Bolonia, donde la lasaña alcanzó su máxima expresión de sofisticación culinaria a finales del siglo XIX. Los cocineros boloñeses perfeccionaron la receta entrelazando con paciencia tres pilares magistrales: láminas de pasta fresca al huevo (a menudo teñidas de verde con espinacas), un reconfortante ragù de carne estofado a fuego lento con verduras y vino, y una aterciopelada salsa besamel. Esta sublime combinación fue tan célebre que la Academia Italiana de la Cocina terminó por registrar la receta oficial para proteger su autenticidad.

Como apasionada de los viajes culinarios y de las historias que se cocinan a fuego lento, siempre busco recetas que no solo alimenten, sino que también celebren la vida y reúnan a los que más quiero. Por eso, cuando mi nuera Lau estuvo de cumpleaños y eligió este plato como su guiso de celebración, supe que la lasaña a la boloñesa era la opción perfecta. Es un plato que exige tiempo, orden y entrega en cada capa, transformando ingredientes sencillos en un banquete majestuoso que honra el paladar de alguien especial en su día.

Preparar esta receta a gran escala fue un verdadero reto de amor y paciencia, traduciéndose en cuatro o cinco refractarios burbujeantes que inundaron la casa con un aroma irresistible. Servida junto a una ensalada verde con aderezo italiano, pan de ajo con mantequilla y queso, y coronada por un pastel de cerezas con chispas de chocolate, la velada fue un éxito rotundo donde no quedó ni un solo rastro en las fuentes. Ver los platos limpios y compartir la mesa con la familia es la mayor recompensa, recordándome una vez más que la cocina tradicional tiene el poder de convertir cualquier reunión en un recuerdo inolvidable.

Lasaña boloñesa

  • Tiras de lasaña precocida
  • ½ k queso mozzarella rallado
  • Salsa de carne
  • 500 gr carne molida de res
  • 3 – 4 tiras de tocino
  • 1 poro grande rebanado
  • 1 cebolla en trozos
  • 2 zanahorias, en trozos
  • 2 ramas de apio en trozos
  • 2 dientes de ajo
  • 1 pimiento morrón rojo en trozos
  • 800 gr jitomate en trozos
  • ½ taza vino tinto
  • ½ taza de leche
  • 2 hojas de laurel
  • Aceite de oliva
  • Sal y pimienta al gusto
  • Salsa bechamel
  • 50 gr mantequilla
  • 5 cucharadas de harina
  • 1 taza caldo de res
  • 2 tazas de leche
  • Nuez moscada al gusto
  • Sal y pimienta 

  1. Para hacer la salsa de carne primero prepare la salsa de jitomate. 
  2. En una cazuela ponga una o dos cucharadas de aceite, agregue los trozos de cebolla, de zanahoria, de pimiento morrón y los dientes de ajo, deje que se fría un poco, cuando esté levemente dorado añada el jitomate en trozos y una taza de agua.  
  3. Deje que se cueza, licue todo perfectamente y reserve.
  4. Prepare la salsa bechamel, en una olla ponga la mantequilla, cuando esté derretida agregue la leche tibia poco a poco y moviendo para que no se hagan grumos, añada el caldo tibio también. Debe tener una consistencia de crema fluida. Sazone.  
  5. Deje que hierva para que no sepa a harina cruda.
  6. Continue con la salsa de carne. Fría el tocino con el poro rebanado y cuando esté dorado, agregue la carne moviendo para que no se formen trozos de carne, cuando esté bien frita añada la salsa de jitomate reservada, el vino tinto y la leche. 
  7. Sazone al gusto, deje hervir para que los sabores se integren.
  8. Para armar la lasaña, ponga un poco de salsa bechamel esparcido en el fondo del molde y coloque una capa de tiras de lasaña. 
  9. Cubra con salsa de carne, salsa bechamel y queso mozzarella. 
  10. Coloque otra capa de tiras de lasaña, carne, bechamel y queso hasta terminar con tiras de lasaña, salsa bechamel y queso.
  11. Hornee a 180°C por 35 – 40 minutos hasta que se dore.  
  12. Permita enfriar un poco para que se pueda cortar y no se desarme.

martes, 2 de junio de 2026

Chips de calabacitas

¡Hola a todos! Hoy quiero invitarlos a descubrir la fascinante historia que se esconde detrás de un ingrediente que seguro tienen en su refrigerador: la calabacita italiana. Aunque su nombre nos haga mirar hacia el viejo continente, la realidad es que su historia comenzó aquí mismo, en las tierras mesoamericanas, hace unos diez mil años. Resulta que las semillas de nuestros ancestros viajaron a Europa y, a finales del siglo XIX, los agricultores del norte de Italia seleccionaron las plantas para obtener frutos más alargados, de piel muy tierna y que se pudieran comer jovencitos. Cuando esta variedad mejorada regresó a nuestras cocinas, la bautizamos como "italiana" para distinguirla de nuestras maravillosas calabazas criollas.

En el mundo de la botánica, estas delicias se dividen en dos grandes familias según su maduración: las de verano y las de invierno. La calabacita italiana que preparé hoy pertenece a las de verano, lo que significa que la cosechamos e ingerimos cuando aún está inmadura, aprovechando su piel suave y sus semillas tiernas. Por otro lado, las calabazas de invierno se dejan madurar bajo el sol hasta que desarrollan una corteza dura y rígida —como nuestra tradicional calabaza de Castilla—, diseñada por la naturaleza para resistir almacenada durante meses enteros.

Hay secretos extraordinarios escondidos en el huerto que vale la pena contar mientras cocinamos. ¿Sabían, por ejemplo, que la planta de la calabaza tiene flores con género? Así es: tiene flores masculinas y femeninas por separado en la misma planta. Las femeninas son las encargadas de cargar el fruto en su base, mientras que las masculinas solo proveen el polen; estas últimas son las que usualmente recolectamos con cuidado para rellenar nuestras quesadillas o preparar una rica sopa, permitiendo que la planta siga dando frutos sin detener su producción.

Pero la curiosidad de este vegetal no se queda solo en la tierra; ¡también ha conquistado el cosmos! En el año 2012, un astronauta llevó semillas de calabacín a la Estación Espacial Internacional y logró que una planta creciera y floreciera en gravedad cero. Lo más tierno de esta hazaña es que el astronauta escribía un diario espacial simulando la "voz" de la pequeña calabacita, relatando cómo se adaptaba a flotar en el espacio exterior. Quién diría que un ingrediente tan cotidiano en nuestras mesas llegaría a ser un auténtico viajero de las estrellas.

Termino este relato compartiéndoles una hermosa leyenda de los pueblos nativos de América del Norte: la historia de "Las Tres Hermanas". Cuenta la tradición que el maíz, el frijol y la calabaza son tres hermanas inseparables que solo prosperan si crecen juntas. El maíz se eleva fuerte hacia el cielo para que el frijol pueda trepar por su tallo; el frijol nutre la tierra desde la raíz; y la calabaza extiende sus enormes hojas sobre el suelo, creando una alfombra protectora que mantiene la humedad y evita que crezca la mala hierba. Es una bella lección de apoyo mutuo que me gusta recordar en mi cocina, recordándonos que los mejores platillos de la vida se construyen compartiendo y en armonía.


Chips de calabacita y parmesano

  • 2 – 3 calabacitas italianas
  • 150 gr queso parmesano rallado
  • Pimienta negra recién molida

  1. Limpie y seque las calabacitas. 
  2. Corte los dos extremos y con un cuchillo afilado o una mandolina, corte rodajas bien finas de la calabacita.
  3. Forre una charola con papel para horno y coloque las calabacitas. 
  4. Ponga queso parmesano sobre cada rebanada y un poquito de pimienta negra.
  5. Ponga el horno a 180°C, coloque las calabacitas por alrededor de 10 – 12 minutos, cuidando que no se quemen. 
  6. Una vez que se dore el queso parmesano, retire.  Sirva tibias.

       

miércoles, 20 de mayo de 2026

Puré Rústico de Espinacas a la Mantequilla y Queso Artesanal.

El viaje de esta maravillosa hortaliza comenzó hace siglos en las tierras místicas de la antigua Persia, el actual Irán. En aquellos tiempos, su nombre original era aspanakh, que se traduce bellamente como "mano verde". Para el siglo VII, su fama cruzó fronteras cuando el rey de Nepal la envió como un obsequio exótico al mismísimo Emperador de China, donde la bautizaron con admiración como "la hierba persa". Sin embargo, el gran puente hacia nuestra cultura lo tendieron los árabes, quienes la introdujeron en España alrededor del siglo XI; la apreciaban tanto por sus propiedades que la apodaron poéticamente como "la Reina de las hortalizas" o "la jefa de las verduras".

Tras el encuentro de dos mundos en el siglo XVI, este tesoro verde cruzó el Atlántico y llegó a suelo mexicano, adaptándose con un éxito asombroso en las fértiles tierras de las chinampas de Xochimilco. Hoy en día, China se mantiene a la cabeza como el mayor productor y consumidor del planeta, disfrutándola apenas salteada al wok. No obstante, Europa no se queda atrás, siendo Alemania uno de los países que más la incluye en su dieta diaria, mientras que en México la hemos hecho profundamente nuestra, transformándola en un abrazo casero al integrarla en caldos, guisados con huevo y deliciosos platillos con queso.

A lo largo de su travesía por el mundo, la espinaca ha recibido títulos de nobleza culinaria gracias a personajes históricos fascinantes. El ejemplo más elegante es el de Catalina de Médici, una noble originaria de Florencia que se convirtió en Reina de Francia en el siglo XVI. Catalina adoraba tanto esta verdura que se mudó a la corte francesa acompañada de sus propios cocineros italianos, con la única condición de que se la sirvieran en cada comida. Fue tal su influencia que, desde entonces, cualquier platillo en la alta cocina internacional que se sirva sobre una cama de espinacas y salsa cremosa recibe el sofisticado nombre de "a la florentina", en honor a la ciudad natal de la reina.

Por supuesto, la cultura popular también construyó sus propios mitos alrededor de ella, siendo el más famoso el del carismático marino Popeye. Durante décadas crecimos con la idea de que abrir una lata de espinacas otorgaba una fuerza descomunal debido a su enorme contenido de hierro; sin embargo, detrás de esto se esconde una divertida anécdota de oficina. En 1870, un científico alemán cometió un error de dedo al transcribir los análisis nutricionales y movió un punto decimal, multiplicando por diez el valor real del hierro de la planta. Aunque la equivocación se descubrió a los pocos años, el mito ya era imparable y logró que el consumo de esta verdura se disparara por completo.

Verla hoy en mi sartén, con su verde profundo contrastando con la textura del queso fresco y el aroma del ajo, me hace pensar en cómo una hoja que deleitó a emperadores chinos, califas árabes y reinas francesas, termina su largo viaje aquí en nuestro hogar. Prepararla con ingredientes reales y con el toque artesanal de la mantequilla es mi manera de honrar una historia milenaria que, al final del día, se reduce a lo más importante: el placer de compartir un buen plato en la mesa.

Puré rústico artesanal de espinacas

  • ½ k de espinacas
  • 3 cucharadas de mantequilla
  • 2 – 3 dientes de ajo picados
  • ½ poro picado
  • 200 gr queso fresco artesanal
  • ½ taza de crema
  • Sal y pimienta al gusto

 

  1. Lave y limpie las espinacas. 
  2. En una sartén amplia, derrita la mantequilla y fría el ajo y el poro hasta que suelten su perfume sin que lleguen a dorarse demasiado.
  3. Agregue las espinacas picadas, aunque parecen muchas, pronto se reducen.  
  4. Una vez que estén suaves, agregue el queso desmoronado y la crema, sazone con sal y pimienta al gusto.











sábado, 25 de abril de 2026

Enchiladas Suizas: El primer éxito de la cocina fusión en México.

Cocinar para los que amamos es una de las formas más puras de decir "te quiero". Hoy, la cocina se llenó de fiesta para celebrar el cumpleaños de mi hijo Memo, quien, como cada año, me pidió su platillo favorito: unas enchiladas suizas. Esta vez seguí esa receta especial que tanto me gustó: una salsa verde pura, sin poro ni cebolla, permitiendo que el sabor vibrante del tomatillo brillara por sí solo antes de fundirse con la crema y el queso. El resultado fue justo lo que buscaba: un sabor limpio, equilibrado y lleno de cariño.

Aunque su nombre nos haga viajar hasta los picos nevados de los Alpes, las enchiladas suizas son profundamente mexicanas. Nacieron a principios del siglo XX en el emblemático Sanborns de los Azulejos, en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Se dice que un cliente frecuente, acostumbrado a los sabores lácteos de Europa, pidió algo que le recordara a su hogar. La cocina respondió cubriendo nuestras tradicionales enchiladas con una capa tan generosa de crema y queso gratinado que, al verlas, los comensales dijeron que parecían cubiertas por la nieve de los Alpes. Así, de un deseo de nostalgia, nació este nombre tan peculiar.

Lo que me parece realmente extraordinario, y un dato que me fascinó descubrir, es que este plato es quizás el primer gran éxito de la "fusión global" en nuestra gastronomía. Es un momento mágico donde la técnica prehispánica de enrollar la tortilla de maíz se "disfrazó" de platillo europeo para conquistar los paladares más sofisticados de la época. Es la tortilla mexicana vistiéndose de gala con crema y queso, demostrando que nuestra cocina es tan noble que puede dialogar con cualquier cultura sin perder su esencia.

Esta capacidad de adaptación me recuerda mucho a cómo podemos experimentar en casa. Platicando sobre este plato, surgió la duda de si existirían variantes con otras bases, como las crepas francesas o los canelones italianos. Al final, la estructura es la misma: un relleno con alma, una salsa que abraza y un gratinado que corona. Es una prueba de que, ya sea con maíz o con trigo, el placer de un plato horneado con cariño es un lenguaje universal que une a las familias, sin importar de qué lado del mundo venga la receta original.

Para cerrar esta entrada, no puedo dejar de mencionar mi compromiso con el aprovechamiento total. En este festejo para Memo, cada ingrediente fue honrado bajo la filosofía Zero Waste; incluso esa salsa cremosa que queda en el refractario es un tesoro para los chilaquiles del día siguiente. Así, entre historias de palacios y sabores de hogar, celebramos un año más de vida, recordándonos que cada bocado tiene un origen y cada receta, como las personas que queremos, tiene una historia extraordinaria que merece ser contada.                                      

Enchiladas Suizas

  • 12 – 15 tortillas de maíz
  • 2 pechugas de pollo cocidas y deshebradas
  • 500 gr de tomatillo verde
  • 2 chiles serranos
  • 1 diente de ajo
  • ¼ de taza de hojas de cilantro fresco
  • 1 taza crema ácida
  • 190 gr queso crema
  • Sal o consomé al gusto
  • 250 gr de queso Manchego o Chihuahua rallado
  • Aceite vegetal el necesario

  1. Precaliente el horno a 180°C. 
  2. Hierva los tomatillos y los chiles hasta que cambien de color, no deje que se rompan pues quedaría ácida la salsa.
  3. Licue los tomates y chiles con el ajo, el cilantro, la crema y el queso crema. 
  4. Caliente la salsa por unos minutos y sazone al gusto. 
  5. Pase las tortillas por aceite solamente para suavizar, rellene con pollo y acomode en un refractario. 
  6. Bañe con la salsa y ponga el queso rallado encima. 
  7. Hornee hasta que gratine.                                          

sábado, 11 de abril de 2026

Crepas de mariscos con bechamel al aroma de mar


Hay días en los que la cocina no se trata solo de alimentar, sino de crear una atmósfera. Tenía el deseo genuino de preparar algo que se sintiera delicado y elegante, una de esas comidas que detienen el ritmo acelerado de la semana y te obligan a disfrutar cada bocado con pausa. La idea de las crepas de mariscos comenzó a rondar mi cabeza como la opción ideal para lograr ese equilibrio entre sofisticación y calidez que tanto buscaba.

Para que este proyecto culinario cobrara vida, conté con la complicidad de Migue, quien se encargó de conseguir los mariscos frescos necesarios para que la receta tuviera la calidad que ameritaba. No se trataba solo de cumplir con un menú, sino de desarrollar una idea que ya saboreaba desde antes de encender la estufa. Con los camarones y el resto de los frutos del mar en la mesa, el siguiente reto era darle un carácter único a la salsa que los uniría.

A veces, la bechamel tradicional con vino blanco puede resultar un tanto predecible o incluso aburrida si no se tiene cuidado. Al revisar lo que tenía a mano, encontré el ingrediente que cambió el rumbo de la receta: polvo de camarón. Al integrarlo, la salsa dejó de ser un simple acompañamiento para convertirse en una esencia profunda, logrando ese "aroma de mar" que envolvió cada una de las crepas y elevó el plato a un nivel técnico mucho más interesante.

Ver el resultado final servido en la mesa fue gratificante, pero lo mejor fue la reacción de mi familia. Logré transmitirles exactamente esa sensación de elegancia que me propuse desde el inicio. Les gustó tanto que el veredicto fue unánime: me pidieron que de ahora en adelante preparara más comida de este estilo, lo cual es siempre el mejor cumplido que un cocinero puede recibir en su propia casa.



Crepas de mariscos con bechamel al aroma de mar

(12 crepas preparadas)

Relleno:

  • 1 poro finamente picado
  • 2 jitomates maduros picados
  • 300 gr camarones limpios y picados
  • 200 gr mezcla de mariscos
  • Aceite de oliva o mantequilla
  • Sal y pimienta al gusto
  • 250 gr queso mozzarella rallado
  • Salsa bechamel
  • ½ litro de leche
  • 40 gr mantequilla
  • 40 gr harina
  • 2 – 3 cucharaditas polvo de camarón
  • Pizca de nuez moscada
  • Sal y pimienta al gusto

  1. En un sartén caliente el aceite o mantequilla y agregue el poro, cocine a fuego bajo hasta que esté transparente y suave, pero sin que llegue a dorarse. 
  2. Añada el jitomate y cocine unos 5 minutos hasta que suelte su jugo y se reduzca un poco.
  3. Integre los camarones y los mariscos y cocine unos 3 o 4 minutos para que no se sobre cocine y así mantengan su jugosidad.  
  4. Sazone con sal y pimienta. Reserve.
  5. Para la salsa, derrita la mantequilla en una olla pequeña, agregue la harina y cocine sin dejar de mover.  
  6. Vierta la leche poco a poco, batiendo constantemente para evitar grumos. 
  7. Cuando espese, añada el polvo de camarón y la nuez moscada. 
  8. Rectifique la sazón.
  9. Rellene cada crepa con la mezcla de mariscos y poro, enrolle o doble y acomode en un plato.  Bañe con la bechamel caliente y espolvoree el queso. Sirva.



Algunas imágenes fueron editadas por IA.

martes, 17 de marzo de 2026

Calabacitas rellenas: el Tesoro Verde, de la Milpa al Mundo

La calabacita, esa compañera inseparable de nuestras mesas, es un regalo ancestral de las tierras mesoamericanas. Su historia se remonta a miles de años atrás, cuando los antiguos habitantes de México y Centroamérica comenzaron a domesticar las variedades silvestres. Junto con el maíz y el frijol, la calabacita formó parte de la "trinidad sagrada" de la milpa, un sistema agrícola perfecto donde estas tres plantas crecían en armonía, nutriéndose mutuamente y alimentando a civilizaciones enteras.

Tras la llegada de los españoles, este tesoro vegetal cruzó el océano y comenzó una travesía extraordinaria por todo el mundo. Curiosamente, la versión alargada y tierna que hoy conocemos como "zucchini" o calabacita italiana fue perfeccionada en Europa, específicamente en Italia, durante el siglo XIX. Es fascinante pensar cómo una semilla que partió de nuestras tierras regresó siglos después transformada en la hortaliza versátil y suave que hoy rellenamos con tanto cariño en nuestras cocinas.

Algo verdaderamente extraordinario de la calabacita es su capacidad de ser "completamente comestible". No solo aprovechamos su fruto; sus flores amarillas son un manjar delicado, sus guías aportan textura a los caldos y sus semillas, las pepitas, son la base de salsas emblemáticas como el pipián. Es una planta generosa que no desperdicia nada, recordándonos la importancia de aprovechar cada recurso que la naturaleza nos brinda con sabiduría y respeto.

Desde un punto de vista nutricional, la calabacita es casi un milagro de hidratación, ya que cerca del 95% de su composición es agua. Esto la convierte en el lienzo perfecto para sabores intensos: al tener un sabor neutro y una textura que absorbe lo que la rodea, se transforma mágicamente cuando la combinamos con la intensidad del tocino, el dulzor del poro o el toque salino del queso cotija. Es, en esencia, la mediadora perfecta de cualquier banquete familiar.

Hoy, al ver estas "lanchitas" doradas en mi plato, no solo veo una cena deliciosa y rápida. Veo siglos de historia que han viajado por el mundo para terminar aquí, gratinadas con mozzarella y rellenas de tradición. Cocinar calabacitas es, de alguna manera, mantener vivo ese hilo conductor que nos une con nuestros antepasados, adaptándolo siempre a nuestro estilo de vida actual con ingredientes frescos y un toque de imaginación.


Calabacitas rellenas de elote y rajas 

  • 8 – 10 calabacitas
  • 3 chiles poblanos asados y limpios
  • 2 tazas granos de elote
  • 1 poro pequeño
  • 100 gr tocino ahumado picado
  • 1 diente de ajo picado
  • 200 gr de pollo deshebrado
  • 100 gr queso Cotija fresco rallado
  • 150 gr queso mozzarella
  • Aceite o mantequilla el necesario
  • Sal y pimienta al gusto 

  1. Corte los chiles poblanos en rajas delgadas y reserve.  
  2. Rebane y pique en cubitos el poro, lave y deje escurrir.  
  3. En una cazuela ponga mantequilla o aceite y fría los poros, añada el ajo.  
  4. Pique el tocino y agregue a la cazuela.  
  5. Cuando el poro este transparente agregue las rajas de chile poblano, los granos de elote y el pollo cocido y deshebrado. 
  6. Rectifique la sazón con sal y pimienta al gusto.
  7. Mientras se sazone el relleno, corte las calabacitas longitudinalmente y retire las semillas, forme una pequeña lanchita.  
  8. Acomode el relleno en el hueco de la calabacita y cubra con el queso mozzarella.  
  9. Coloque en una charola y hornee a 180°C por 35 – 45 minutos o hasta que esté dorado el queso.

miércoles, 11 de marzo de 2026

Mole de queso de Michoacán, Un Encuentro de Sabores, Historia y Tradición.

El mole de queso michoacano es una de las expresiones más conmovedoras del mestizaje culinario, un platillo que nació en el corazón de la Tierra Caliente y la Sierra de Cotija como un humilde acto de ingenio ante la escasez. En sus orígenes, este manjar surgió en las cocinas rurales donde la carne no siempre llegaba a la mesa, transformando la técnica prehispánica del "mulli" o salsa de chiles en un refugio para el producto estrella de la región: el queso. Lejos de ser una carencia, esta sustitución dio vida a una receta de rescate que aprovechaba hasta el último trozo de pan viejo para dar cuerpo a una salsa que hoy es considerada un tesoro nacional.

La magia de este plato reside en el uso del queso Cotija fresco, una joya artesanal que aporta una personalidad vibrante y salina imposible de encontrar en otros lácteos. Al sumergir los cubos de este queso en el mole espeso, se produce un fenómeno extraordinario de contraste de temperaturas y texturas, donde el calor intenso del adobo comienza a suavizar el exterior del queso sin llegar a fundirlo por completo. Este encuentro crea una explosión de sabores en el paladar, donde la nota salada y láctica del Cotija "choca" armoniosamente con el amargor elegante del cacao y el picor profundo de los chiles, logrando un equilibrio que los expertos llaman umami.

A diferencia de los moles dulces y complejos de otras regiones, el mole de queso michoacano se distingue por su honestidad y su estructura robusta, donde el bolillo remojado aporta una sedosidad única que acaricia la lengua. Es fascinante observar cómo este platillo, que durante décadas fue el sustento sencillo de las familias en los viernes de vigilia o en las cenas de pueblo, ha mantenido su esencia a pesar del paso del tiempo. Su historia es la de un sobreviviente que pasó de las cazuelas de barro en los fogones de leña a convertirse en el protagonista de las mesas más exigentes, demostrando que la verdadera elegancia no reside en la opulencia de los ingredientes, sino en la profundidad de sus raíces.

Hoy en día, este mole ha vivido una transformación asombrosa al ser adoptado por la gastronomía mexicana de autor, donde los chefs más renombrados lo presentan en sus menús de degustación como una pieza de alta cocina. En estos restaurantes exclusivos, el mole de queso se sirve con una estética minimalista, destacando el brillo de la manteca y la tersura de la salsa sobre platos de diseño, elevando aquel origen humilde a la categoría de arte comestible. Sin embargo, por más que se presente en manteles largos y bajo luces de diseño, el alma del plato sigue siendo la misma: una danza de chiles y especias que rinde homenaje a la tierra que lo vio nacer.

Ver este platillo en los mejores restaurantes del mundo es un recordatorio de que la cocina de rescate es, en realidad, la base de la gran cultura culinaria de México. Al prepararlo en casa con el queso que Migue trajo y siguiendo los pasos tradicionales, se honra esa transición que va desde la sencillez del campo hasta el reconocimiento internacional. El mole de queso michoacano nos enseña que un plato nacido de la necesidad puede alcanzar la gloria eterna cuando se cocina con respeto a la tradición, manteniendo vivo ese sabor de hogar que ninguna técnica moderna podrá jamás reemplazar.

Mole de queso de Michoacán

  • 500 gr de queso Cotija fresco
  • 6 chiles guajillo
  • 2 chiles ancho
  • 3 jitomates
  • ½ cebolla
  • 2 dientes de ajo
  • 1 bolillo viejo
  • 1 cucharada de cocoa amarga
  • Caldo de pollo
  • 1 clavo de olor
  • 1 pimienta gorda
  • 1 trozo pequeño de canela
  • 3 – 4 cucharadas de manteca de cerdo
  • Sal y pimienta al gusto

 

  1. Limpie y remoje los chiles guajillo y ancho en agua caliente. 
  2. Ase los jitomates, la cebolla, el ajo y las especias. 
  3. Fría el pan viejo en un poquito de manteca y remoje en un poco de caldo de pollo para que se ablanden completamente. 
  4. Licue bien.
  5. En una olla ponga la manteca y vierta colando el licuado, para que quede terso. 
  6. Deje que se fría bien.  
  7. Disuelva el cacao en caldo de pollo y agregue al mole. 
  8. Mueva constantemente para que no se pegue.  
  9. Deje de 30 a 35 minutos para que se espese.  
  10. Si lo necesita agregue más caldo.
  11. Pruebe el punto de sal, parta el queso en trozos grandes y ponga en el mole, solo por unos minutos.  
  12. También puede poner un espejo de mole y asar el queso, para colocarlo encima.









martes, 24 de febrero de 2026

Lomo de cerdo relleno: un banquete con raíces milenarias

Preparar este plato es como invocar una tradición con raíces milenarias. Aunque existen registros detallados de carnes rellenas y técnicas de "farsa" desde la Antigüedad Clásica y la Edad Media, fue durante los banquetes de los siglos XVII y XVIII cuando estos platos alcanzaron su máximo esplendor en las cortes europeas, convirtiéndose en el símbolo de elegancia que hoy conocemos. Retomo esa herencia para traer a nuestra mesa un lomo que equilibra perfectamente esa elegancia histórica con mi toque personal.

Para el relleno, quise crear una arquitectura de sabores y texturas que sorprenda en cada rebanada. Utilicé una base cremosa de queso mozzarella y requesón, que sirve para unir la intensidad del jamón y el tocino con el crujiente de las almendras y el dulzor tradicional de la ciruela pasa. Esta combinación no solo es deliciosa, sino que visualmente ofrece un corte firme y colorido que me llena de orgullo compartir con Migue y toda mi familia.

El toque final es lo que realmente hace que este plato destaque. Después de bañar la carne con el gravy resultante de su propia cocción para mantener la jugosidad, coroné cada pieza con mi mermelada de tocino. Como recordarán de una entrada anterior en el blog, esta mermelada la preparo de forma más saludable usando miel de agave en lugar de azúcar refinada, y poro en lugar de cebolla, logrando un equilibrio agridulce que realza la carne de una manera sofisticada.

Es fascinante cómo una técnica perfeccionada a través de los siglos sigue siendo la mejor forma de celebrar en familia, permitiéndonos viajar a través del tiempo y los sabores desde la comodidad de nuestro hogar.

Lomo de cerdo relleno

  • 1 lomo de cerdo grande
  • ½ kilo de jamón rebanado
  • 300 gr de tocino
  • 150 gr de almendras peladas
  • 150 gr de ciruelas pasas deshuesadas
  • 300 gr requesón
  • 300 gr queso mozzarella rallado
  • Sal y pimienta al gusto
  • 3 – 4 dientes de ajo
  • 1 cebolla rebanada
  • 1 litro de hidromiel
  • 1 litro caldo de res
  • Hilo para amarrar el lomo
  • 1 – 2 cucharadas de mantequilla
  • 1 – 2 cucharadas de harina

 

  1. Abra el lomo como si fuera un libro o que en la carnicería se lo abran.  
  2. Deje marinar el lomo en el hidromiel por unos 30 minutos, mientras pique el relleno.
  3. Pique el jamón y el tocino, parta las almendras en dos o tres trozos cada una igual que las ciruelas pasas.  
  4. En un tazón mezcle el requesón con el queso mozzarella, añada el jamón, tocino, almendras y ciruelas pasas. 
  5. Ponga el lomo abierto en una charola y sazone con sal y pimienta. 
  6. Rellene el lomo con la preparación, enrolle y amarre el lomo.  
  7. En el molde para hornear ponga las rebanadas de cebolla en el fondo y sobre ellas coloque el lomo.  
  8. Ponga los dientes de ajo, el caldo de res y el hidromiel. 
  9. Tape con papel aluminio y hornee a 160°C por alrededor de 50 minutos por kilo de lomo. 
  10. Al término del horneado, retire el lomo de la charola y deje reposar por 10 o 15 minutos para que al partir no se despedace.  
  11. El jugo que soltó el lomo al cocerse cuele en una jarrita.  
  12. En un sartén haga una roux, ponga la mantequilla y cuando se derrita agregue la harina y mueva para que se cueza. 
  13. Integre el jugo del lomo poco a poco y forme un gravy, sazone con sal y pimienta.
  14. Rebane el lomo y sirva con el gravy.

jueves, 23 de octubre de 2025

Tetelas, pupusas y arepas: tres formas de decir hogar


          La mesa latinoamericana donde el maíz une un solo pueblo y un solo espíritu: el latinoamericano 

Las tetelas son una joya de la cocina oaxaqueña que conserva en cada pliegue el espíritu de la tradición mixteca. Se preparan con masa de maíz nixtamalizado y se rellenan con frijoles negros o queso Oaxaca, para luego doblarse en forma de triángulo y cocinarse lentamente en el comal. Esa forma triangular no es solo estética: simboliza equilibrio y hogar. Al dorarse, liberan el aroma del maíz tostado, un olor que parece hablar del campo, del fuego encendido y de las manos que amasan desde generaciones atrás.

En Oaxaca, las tetelas se disfrutan tanto en la mesa diaria como en las fiestas de pueblo. Son alimento humilde, pero cargado de historia. En ellas se reúnen los tres pilares del mundo mesoamericano: el maíz, el frijol y el fuego. Su textura suave por dentro y ligeramente crujiente por fuera las hace irresistibles, y cada mordida parece traer un eco del pasado, como si el comal fuera un tambor que conserva la memoria de las abuelas.

En tierras salvadoreñas, una prima cercana lleva otro nombre: la pupusa. Redonda y generosa, es orgullo nacional de El Salvador. Hecha también de masa de maíz, se rellena de queso, frijoles o chicharrón y se cocina hasta que el relleno burbujea. Se sirve con curtido de repollo y salsa de tomate, y su sabor encarna el espíritu comunitario salvadoreño: abundante, cálido y lleno de vida. En cada pupusa hay un gesto de hospitalidad, una invitación a compartir.

Más al sur, en Colombia y Venezuela, brilla la arepa, un disco dorado que es desayuno, cena o merienda según el día. Puede ser gruesa o delgada, rellena de queso, carne o aguacate, y siempre huele a casa. La arepa ha trascendido fronteras, pero sigue siendo el alimento que representa unión y familia. En cada país tiene su acento, pero en todos conserva el corazón de la tierra: el maíz convertido en sustento y en identidad.

Tetelas, pupusas y arepas son hermanas de masa, fuego y memoria. Cada una cuenta la historia de su pueblo, pero todas nacen del mismo grano que alimenta a América desde tiempos antiguos. El maíz, con su sencillez y nobleza, nos recuerda que la verdadera riqueza no está en la abundancia, sino en la mesa compartida, donde los sabores se encuentran y el corazón se siente en casa. Porque en su diversidad —en sus formas, rellenos y colores— el maíz nos enseña que la variedad da sabor a la vida, y que cada versión es una manera distinta de celebrar quiénes somos.

En este sentido, las tetelas, pupusas y arepas son auténticos ejemplos de slow food latinoamericano: comidas que se preparan con calma, con memoria y con alma. En cada una, el maíz no solo alimenta el cuerpo, sino que teje el tiempo y las costumbres. Son platos que nos invitan a detenernos, a oler, a probar y a recordar que lo lento, cuando nace del corazón, también alimenta mejor.

Tetelas oaxaqueñas

  • 1 kilo de masa de maíz
  • 2 cucharadas de aceite
  • Sal al gusto
  • 4 tazas de frijoles refritos
  • 250 gr queso Oaxaca

  1. Prepare la masa con el aceite, sal al gusto y si es necesario utilice un poco de agua tibia para poderla amasar.  
  2. Cuando esté al punto reserve.
  3. Coloque un comal en la estufa.  
  4. Forme bolitas de masa, aplane cada una y ponga en el centro una cucharada de frijoles refritos, encima coloque unas hebras del queso Oaxaca.  
  5. Cierre en forma de triángulo cubriendo el relleno.  
  6. Ponga en el comal y voltee de tanto en tanto para que se cueza parejo.
  7. Aunque las tetelas tradicionales son en comal, puede freir los triángulos si lo desea.
  8. Sirva acompañado de salsa y verduras al gusto.

(Editado por Mario Alberto Vázquez Rosas)

(Fotografía por Emelina Guadalupe Rosas León)

jueves, 9 de octubre de 2025

Milhojas de manzana, lechuga y queso

 

Las ensaladas son, por lo general, platillos que se preparan con ingredientes frescos y con un toque de creatividad. Pueden ser platos ligeros llenos de sabores sorprendentes.

Comer lechuga es beneficioso para la salud pues es rica en nutrientes como las vitaminas A, C y K, así como en minerales como el potasio y el calcio.  Es una opción para bajar la ingesta de calorías pues ayuda a sentirse satisfecho por el volumen que se consume. Además, es alta en fibra, lo que favorece la salud digestiva y ayuda a mantener los niveles de azúcar en sangre estables.

Comer lechuga es una forma fácil y deliciosa de agregar nutrientes importantes a la dieta, además de ser una opción versátil y baja en calorías, tomando en cuenta que contribuye a la hidratación del cuerpo, especialmente en climas cálidos o durante el ejercicio físico.

En cuando a las manzanas podemos decir casi lo mismo, es rica en nutrientes pues son una excelente fuente de vitaminas y minerales incluyendo vitamina C, K, potasio y fibra dietética. También tiene alto contenido de fibra, ayuda a controlar el peso y regula los niveles de azúcar en sangre.

Lo que es diferente es que promueve la salud del corazón, pues se ha asociado con un menor riesgo de enfermedades cardíacas debido a su contenido de antioxidantes y fibra, que ayudan a reducir los niveles de colesterol en sangre. También ayudan a proteger el cerebro del estrés oxidativo y reducir el riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Milhojas de manzana, lechuga y queso

  • 3 manzanas jugosas
  • 1 lechuga romana u orejona desinfectada
  • Rebanadas de queso al gusto
  • 2 limones, su jugo
  • Nueces al gusto
  • Miel de inulina
  • Sal y pimienta

 

  1. Corte las manzanas en rodajas delgadas y vierta el jugo de un limón para que no se oxiden. 
  2. Corte la lechuga del tamaño deseado.
  3. En platos individuales alterne rodajas de manzana, queso y lechuga hasta el algo que prefiera.  Puede sujetarla si lo desea con un palillo. 
  4. Vierta el aderezo encima y las nueces. 
  5. Decore el plato con jitomates Cherry y sirva.

 

Para el aderezo: 

  1. En un tazón vierta la miel de inulina, el limón restante y sazone con sal y pimienta.



(Editado por Mario Alberto Vázquez Rosas)

(Fotografía por Emelina Guadalupe Rosas León. Imágenes editadas usando Inteligencia Artificial)

sábado, 30 de agosto de 2025

Banderillas coreanas


En Corea del Sur, las banderillas coreanas (핫도그) se convirtieron en un fenómeno callejero desde mediados del año 2000. Inspiradas en el corn dog estadounidense, se adaptaron con un toque muy particular: masa más espesa y suave, empanizados crujientes con panko o papas en cubos, y versiones rellenas de queso mozzarella. Poco a poco se popularizaron en mercados nocturnos de Seúl y hoy son tendencia mundial gracias a las redes sociales.

En nuestra familia tenemos una tradición que nos encanta: en los cumpleaños, el festejado elige la comida que más se le antoje. Esta vez fue el turno de Miguel Rodrigo, mi nieto, y su petición fueron las banderillas coreanas. Como nunca antes las habíamos hecho, el día se convirtió en una aventura familiar muy divertida.

Nos organizamos para comprar los ingredientes y preparar la receta. Siempre había sido yo quien cocinaba los cumpleaños, pero esta vez mi marido también se animó a participar. Además, se sumaron Deyita, mi nuera, y Mickey y Lau, los padres de Miguelito. Entre todos formamos un verdadero equipo en la cocina. Entre la masa, las salchichas y el queso, las primeras banderillas comenzaron a salir del aceite doraditas y crujientes.

El resultado nos sorprendió: para ser la primera vez, quedaron deliciosas, con un sabor auténtico y muy festivo. A todos nos encantaron, pero quien más las disfrutó fue Miguelito, feliz con su banderilla cubierta de papas. Para completar la mesa, también preparamos hot dogs en pan artesanal rellenos de tocino y verduras caramelizadas, un acompañamiento perfecto que hizo aún más especial la celebración.

Fue un cumpleaños lleno de risas, sabores nuevos y la alegría de cocinar en familia. Una experiencia que seguro repetiremos, porque no hay mejor regalo que compartir la mesa con quienes más queremos.


Ingredientes (8 piezas):

  • 4 salchichas

  • 200 g de queso mozzarella en barra (cortado en bastones)

  • 1 taza de harina de trigo

  • 2 cucharadas de azúcar

  • ½ cucharadita de sal

  • 1 cucharadita de polvo para hornear

  • 1 huevo

  • 150 ml de leche

  • 1 taza de panko o papas en cubos fritas

  • Palitos de brocheta

  • Aceite para freír

Preparación:

  1. Ensarta en cada palito una salchicha o un trozo de queso (o mitad y mitad).

  2. Mezcla harina, azúcar, sal, polvo de hornear, huevo y leche hasta obtener una masa espesa.

  3. Pasa cada brocheta por la masa y luego por panko o papas.

  4. Fríe en aceite caliente (170-180 °C) hasta que estén doradas.

  5. Escurre en papel absorbente.

  6. Sirve con cátsup, mostaza o incluso azúcar granulada, como se acostumbra en Corea.


Imagenes mejoradas mediante Inteligencia Artificial. Edición de Mario Alberto Vázquez Rosas

domingo, 17 de agosto de 2025

Milhojas de calabacita y papa


Las calabacitas son una excelente adición a la dieta por muchas razones. No sé cuál sea la más importante, pero empecemos porque tienen un bajo contenido calórico debido a la cantidad de agua que contienen, lo que ayuda a perder peso. También son una buena fuente de fibra dietética, lo que mejora la regularidad intestinal y previene el estreñimiento.

Son ricas en nutrientes, ya que contienen una variedad de vitaminas y minerales esenciales, que incluyen vitamina C, vitamina A, potasio y magnesio. Estos nutrientes son importantes para el funcionamiento del cuerpo, ya que ayudan a mantener el sistema inmunológico, la salud ósea y la función muscular.

Otra característica es su versatilidad culinaria, pues se pueden preparar de diferentes formas: al vapor, asadas, salteadas, horneadas, en forma de espagueti y hasta crudas. Pueden ser parte de la guarnición, de la sopa, del guisado, de la ensalada, e incluso podemos encontrarlas en panes salados y dulces.

Preparar un milhojas con calabacita y otras verduras es una deliciosa manera de combinarlas en un plato lleno de sabor y textura. Un milhojas de calabacita, papa, cebolla y jitomate es perfecto como plato principal o como acompañamiento para cualquier comida. ¡Disfruta de esta combinación saludable y llena de sabor! 

 

Milhojas de calabacita y papa 

  • 2 calabacitas en rebanadas
  • 3 – 4 jitomates
  • 2 dientes de ajo
  • 2 cebollas
  • 2 papas cocidas y rebanadas
  • 200 gr queso manchego o similar
  • Aceite el necesario
  • Sal y pimienta

 

  1. Muela el jitomate con los dientes de ajo y ¼ de cebolla. 
  2. Fría la salsa de jitomate en una cucharada de aceite y reserve.
  3. Rebane las cebollas. 
  4. Barnice con aceite un sartén o plancha, ponga las calabacitas para que se doren, después las cebollas, por último, las papas. 
  5. Ralle el queso.
  6. En el plato en el que va a servir el milhojas ponga un aro de metal o forme uno con papel de aluminio. 
  7. Ponga una capa de calabacitas, una de cebolla, una de papa y un poco de queso, acomode otra capa de calabacitas, cebolla, papa y queso, termine con una calabacita y queso.  
  8. Bañe con la salsa de tomate caliente y lleve a la mesa.  
  9. Es recomendable que el aro lo quite hasta que esté en la mesa para que no se desbarate el milhojas.


miércoles, 21 de mayo de 2025

Dip de elote


Un dip es una preparación culinaria que consiste en una mezcla generalmente espesa o cremosa, diseñada para acompañar alimentos que se sumergen en ella antes de ser consumidos. Es común que los dips sean servidos con alimentos como vegetales crudos, chips, galletas, pan, o incluso carnes. Los ingredientes varían según la cultura y el tipo de dip, pero suelen incluir bases como queso, crema, yogurt, aguacate, legumbres o purés de verduras, a menudo combinados con hierbas, especias y otros condimentos para potenciar el sabor.

La historia del dip se remonta a las antiguas civilizaciones, donde las culturas solían mezclar ingredientes simples para realzar el sabor de los alimentos. Por ejemplo, los griegos antiguos utilizaban tzatziki, un dip hecho con yogurt, pepino y ajo, como acompañamiento para panes planos. En el Mediterráneo, los egipcios desarrollaron el hummus, una combinación de puré de garbanzos, tahini, ajo y limón, que sigue siendo popular hoy en día. Estas recetas, entre otras, demuestran que la idea de sumergir alimentos en salsas es milenaria.

El término "dip" proviene del inglés, que literalmente significa "sumergir". Su popularización en los países de habla inglesa ocurrió en el siglo XX, especialmente en los Estados Unidos, donde los dips se convirtieron en un elemento básico para reuniones y eventos sociales. La invención de las chips de maíz y las papas fritas impulsó la creación de dips específicos, como el queso con chile, la salsa ranch y la salsa de cebolla, que ganaron enorme aceptación en las décadas de 1950 y 1960.

En muchas culturas, los dips no solo se consideran acompañamientos, sino también elementos clave de la experiencia gastronómica. En México, por ejemplo, el guacamole, elaborado con aguacate, tomate, chile y limón, es una preparación icónica que se ha adoptado en todo el mundo. En el Medio Oriente, además del hummus, el baba ganoush, hecho con berenjenas asadas, es otro dip tradicional que refleja la riqueza culinaria de la región.

Hoy en día, los dips han evolucionado para adaptarse a diversos estilos de vida y preferencias alimenticias. Existen opciones veganas, bajas en grasa, altas en proteínas y libres de alérgenos para satisfacer las necesidades modernas. Además, los dips continúan siendo una forma creativa de experimentar con sabores e ingredientes de diferentes partes del mundo, lo que los convierte en una preparación culinaria versátil y universal.



Dip de elote

  • 2 tazas de granos de elote
  • ½ taza de cebolla picada fino
  • 4 chiles serranos picados fino
  • 2 dientes de ajo picado fino
  • ¼ taza mayonesa
  • 1 taza de queso cheddar rallado
  • 2 cucharadas de mantequilla
  • Sal y pimienta al gusto

 

  1. En una cucharada de mantequilla fría los granos de elote hasta que estén dorados, reserve. 
  2. En la mantequilla restante fría la cebolla, el ajo y el chile hasta que se acitrone, reserve.
  3. En un tazón mezcle los granos de elote dorado, la mezcle de chile, cebolla y ajo, agregue la mayonesa y el queso, reservando un poco para cubrirlos.  Revuelva
  4. Sazone con sal y pimienta.  Vierta en moldes para servir, espolvoree el queso que reservó.
  5. Hornee a 180°C hasta que dore, aproximadamente 15 – 20 minutos. Sirva acompañado de totopos o galletas saladas.
  6. Este dip se puede hacer por adelantado, se prepara todo justo hasta antes de entrar al horno. Tape, refrigere, cuando lo vaya a necesitar hornee por aproximadamente 35 – 40 minutos.

martes, 11 de marzo de 2025

Calabacitas asadas con salsa de requesón

Las calabacitas asadas con salsa de requesón son uno de esos platillos que, con su sencillez, conquistan el corazón de cualquiera que las pruebe. Imagina un día de verano en el que el aire huele a parrilla y las calabacitas frescas están listas para asarse, brillando con su color verde suave y un toque de aceite de oliva. El fuego lento las dora y forma una ligera costra que guarda su frescura y sabor. Los aromas se mezclan y es entonces cuando entra en escena la salsa de requesón, ligera y cremosa, que complementa a la perfección el dulzor natural de las calabacitas.
La preparación es simple pero llena de sabor. Mientras las calabacitas se doran, el requesón se mezcla con un chorrito de limón, un toque de ajo y hierbas frescas como cilantro o perejil, que le dan un toque de frescura inigualable. Al juntar todo, el contraste entre la textura suave del requesón y lo crujiente de las calabacitas asadas hace que cada bocado sea una verdadera delicia. Este platillo no solo alimenta el cuerpo, sino también el alma.
Hay un hecho curioso relacionado con esta receta. Mi abuela solía prepararla cada vez que alguien en la familia estaba estresado o preocupado. Según ella, las calabacitas tenían el poder de "calmar los nervios" gracias a su forma redonda y suave, que simbolizaba equilibrio y paz. No sé si hay alguna verdad científica detrás de eso, pero lo que sí sé es que cada vez que las comemos, todos terminamos con una sonrisa en el rostro, más relajados y contentos.
Al final, las calabacitas asadas con salsa de requesón son más que un simple plato; son un recordatorio de lo maravilloso que puede ser lo simple cuando está bien hecho. Este plato te invita a disfrutar de los pequeños momentos, a saborear cada bocado y, quizás, a creer un poco en la magia que solo la comida casera puede brindar.


Calabacitas asadas con salsa de requesón

  • 4 calabacitas
  • Aceite de oliva la necesaria
  • Sal y pimienta al gusto
  • 50 gr de almendras tostadas en trozos                                           
  • Crema de requesón:
  • 250 gr requesón
  • 3 – 4 cucharadas de mayonesa
  • ½ limón, su jugo
  • 1 limón, su ralladura
  • Sal y pimienta al gusto
  • 1 diente de ajo picado fino

 

  1. Rebane las calabacitas a lo largo finamente y sazone con aceite de oliva, sal y pimienta y empiece a dorar en la parrilla.
  2. Mientras tanto, prepare la crema de requesón.  Mezcle el requesón con la mayonesa, jugo de limón, ajo picado, sal y pimienta, bata bien a que todo se integre.
  3. Sirva las calabacitas con la salsa de requesón y esparza las almendras tostadas.