| Dulces, suaves y brillantes, un pequeño tesoro para cualquier cocina. |
Los jitomates confitados son una pequeña joya de la cocina mediterránea, nacida de la tradición de conservar los frutos del verano para disfrutarlos todo el año. Su origen se relaciona con las técnicas antiguas de cocción lenta en aceite, donde las familias italianas y francesas buscaban preservar el sabor dulce y profundo del jitomate sin perder su color ni su textura. Con el tiempo, la receta cruzó fronteras y se convirtió en un acompañamiento universal, amado por su sencillez y su aroma irresistible.
Lo extraordinario del confitado es la magia del fuego bajo y la paciencia: no se fríe, no se hierve, simplemente se deja que el aceite, el ajo y las hierbas transformen al jitomate en una especie de mermelada salada, suave y brillante. Al terminar, cada cuarto o cada cherry parece concentrar la luz del sol. No es extraño que en muchas cocinas europeas se considere un alimento “con alma”, capaz de elevar cualquier platillo sin esfuerzo.
Además de deliciosos, los jitomates confitados son increíblemente versátiles. Se pueden servir sobre pan tostado, mezclarse con pasta, acompañar carnes, formar parte de ensaladas, coronar una pizza o simplemente disfrutarlos directamente del frasco, como suele pasar cuando salen tan ricos que cuesta esperar a usarlos en otra preparación. También son la base perfecta para un pesto rojo más suave, aromático y luminoso que el tradicional hecho con jitomates secos.
Un detalle fascinante es el aceite aromatizado que queda después del confitado. Ese aceite es casi tan valioso como los propios jitomates: concentra los jugos naturales, el perfume del ajo, la dulzura de las hierbas y un toque de acidez equilibrada. En muchas cocinas italianas se guarda como un tesoro y se usa para darle carácter a omelettes, sopas, arroces, aderezos y marinadas. Nada se desperdicia, porque todo se convierte en sabor.
En resumen, los jitomates confitados son una de esas preparaciones simples que revelan lo extraordinario que puede ser un ingrediente cotidiano cuando se trata con cariño. No requieren técnicas complicadas ni ingredientes caros, solo tiempo, calma y buenos jitomates. Son un recordatorio de que, al igual que en la cocina y en la vida, a veces las cosas más maravillosas nacen de los procesos lentos y cuidados. Y sobre todo, son una invitación a disfrutar: sobre pan, sobre pasta… o directamente a cucharadas.
Jitomates Confitados
- 500 gr jitomates guaje
- ½ taza aceite de oliva
- 3 – 4 dientes de ajo enteros ligeramente aplastados
- 1 cucharadita de sal
- 1 cucharadita de azúcar
- Hierbas al gusto, orégano, tomillo, albahaca o laurel
- Hojuelas de chile seco opcional
- Coloque los jitomates cortados en cuartos en una sartén o cacerola amplia, en una sola capa. Añada el aceite de oliva, los ajos, la sal, el azúcar y las hierbas que use.
- Cocine a fuego muy bajito, al mínimo, de 35 a 45 minutos. Los jitomates estarán listos cuando estén suaves, arrugaditos y brillantes, pero sin deshacerse.
- Deje enfriar y guarde con todo y aceite en un frasco.
Nota: no debe freírse ni
hervir fuerte, el secreto es lento y suave.
Se conserva una semana en el
refrigerador.
El aceite se puede usar para pan o ensaladas.








