viernes, 31 de julio de 2026

Tteokbokki en Adobo Mexicano con Pollo: Un Abrazo entre Seúl y México


Si eres fanático de los doramas coreanos, seguro has visto esa escena clásica: el protagonista tuvo un día terrible en la oficina, o se pasó un poquito de copas con los amigos, y termina refugiado en un puesto callejero nocturno, devorando con el alma un plato rojo y humeante de tteokbokki.

Y es que, en Corea, esos pasteles de arroz picantes son el equivalente exacto a nuestros chilaquiles bien picosos del domingo o a un buen caldo de pollo para revivir a los desvelados. No es solo comida; es un bálsamo para la salud mental, un apapacho que te regresa a la vida y te hace sudar el estrés gracias a la magia del picante. De hecho, el platillo es tan vital para el corazón coreano que inspiró el famoso libro de Baek Sehee: "Quiero morir, pero también quiero comer tteokbokki".

Pero la magia del tteok (el pastel de arroz) va más allá de las emociones; también roza el misticismo. Cuenta la leyenda folclórica que, si miras con atención la luna llena, lo que ves en sus manchas no es una silueta cualquiera, sino a un conejo místico machacando incansablemente el arroz con un enorme mazo de madera para regalarle al mundo la textura perfecta: masticable, tersa y reconfortante.

Inspirada por esa fuerza mística, por el consuelo de los doramas y fiel a mi filosofía de cocinar sin prisas, decidí traer un pedacito de Seúl directo a mi cocina. Pero en lugar de usar la clásica pasta procesada de allá, decidí tender un puente cultural y preparar un adobo verdaderamente nuestro.

Hoy les comparto cómo el suave dulzor del chile ancho, el alma alegre del chile guajillo, el jitomate y el sutil toque de un poro bien sofrito se fusionaron con la textura coreana en un plato que es, literalmente, un abrazo entre dos mundos. ¡Bienvenidos a este viaje!


Tteobokki en adobo Mexicano con pollo

  • 350 gr pastelitos de arroz coreanos
  • 500 gr de pechuga de pollo.
  • 2 chiles guajillo
  • 1 chile ancho
  • 1 poro grande rebanado
  • 2 jitomates medianos
  • 1 diente de ajo
  • 1 ½ taza de caldo de pollo o verduras
  • 1 – 2 cucharadas de miel de agave
  • Aceite vegetal al gusto
  • Sal al gusto
  • Ajonjolí tostado para decorar

  1. Remoje los pastelitos coreanos en agua tibia por unos 15 minutos. 
  2. Corte el pollo en bastones similar a los pasteles de arroz.
  3. Limpie los chiles, sin venas ni semillas, tueste en un comal y remoje en una olla, ponga a cocer con los jitomates.  
  4. En la licuadora, coloque los chiles cocidos, los jitomates, el diente de ajo y media taza de caldo, muela hasta obtener una salsa muy tersa y homogénea.  
  5. En un sartén amplio, caliente un poco de aceite a fuego medio. 
  6. Agregue el poro rebanado y sofría lentamente hasta que esté transparente.
  7. Selle el pollo al sartén con el poro, sazone con una pizca de sal y dore por todos lados. 
  8. Retire unos cuantos trozos y reserve para decorar.
  9. Vierta el adobo de la licuadora sobre el pollo y el poro en el sartén.  
  10. Deje hervir a fuego medio durante unos minutos para que cambie de color, incorpore el jarabe de agave y mezcle bien. 
  11. Sazone con sal al gusto.
  12. Añada los pastelitos de arroz escurridos y vierta el caldo restante.  
  13. Cocine a fuego bajo unos 12 – 15 minutos moviendo suavemente.  El almidón de los pastelitos de arroz espesará el adobo transformándolo en una salsa densa y brillante.
  14. Sirva en un tazón bonito y coloque los trozos de pollo cocidos y dorados que había reservado.  Esparza ajonjolí tostado. Sirva.



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