Si eres fanático de los doramas coreanos, seguro has visto esa escena clásica: el protagonista tuvo un día terrible en la oficina, o se pasó un poquito de copas con los amigos, y termina refugiado en un puesto callejero nocturno, devorando con el alma un plato rojo y humeante de tteokbokki.
Y es que, en Corea, esos pasteles de arroz picantes son el equivalente exacto a nuestros chilaquiles bien picosos del domingo o a un buen caldo de pollo para revivir a los desvelados. No es solo comida; es un bálsamo para la salud mental, un apapacho que te regresa a la vida y te hace sudar el estrés gracias a la magia del picante. De hecho, el platillo es tan vital para el corazón coreano que inspiró el famoso libro de Baek Sehee: "Quiero morir, pero también quiero comer tteokbokki".
Pero la magia del tteok (el pastel de arroz) va más allá de las emociones; también roza el misticismo. Cuenta la leyenda folclórica que, si miras con atención la luna llena, lo que ves en sus manchas no es una silueta cualquiera, sino a un conejo místico machacando incansablemente el arroz con un enorme mazo de madera para regalarle al mundo la textura perfecta: masticable, tersa y reconfortante.
Inspirada por esa fuerza mística, por el consuelo de los doramas y fiel a mi filosofía de cocinar sin prisas, decidí traer un pedacito de Seúl directo a mi cocina. Pero en lugar de usar la clásica pasta procesada de allá, decidí tender un puente cultural y preparar un adobo verdaderamente nuestro.
Hoy les comparto cómo el suave dulzor del chile ancho, el alma alegre del chile guajillo, el jitomate y el sutil toque de un poro bien sofrito se fusionaron con la textura coreana en un plato que es, literalmente, un abrazo entre dos mundos. ¡Bienvenidos a este viaje!
Tteobokki en adobo Mexicano con pollo
- 350 gr pastelitos de arroz coreanos
- 500 gr de pechuga de pollo.
- 2 chiles guajillo
- 1 chile ancho
- 1 poro grande rebanado
- 2 jitomates medianos
- 1 diente de ajo
- 1 ½ taza de caldo de pollo o verduras
- 1 – 2 cucharadas de miel de agave
- Aceite vegetal al gusto
- Sal al gusto
- Ajonjolí tostado para decorar
- Remoje los pastelitos coreanos en agua tibia por unos 15 minutos.
- Corte el pollo en bastones similar a los pasteles de arroz.
- Limpie los chiles, sin venas ni semillas, tueste en un comal y remoje en una olla, ponga a cocer con los jitomates.
- En la licuadora, coloque los chiles cocidos, los jitomates, el diente de ajo y media taza de caldo, muela hasta obtener una salsa muy tersa y homogénea.
- En un sartén amplio, caliente un poco de aceite a fuego medio.
- Agregue el poro rebanado y sofría lentamente hasta que esté transparente.
- Selle el pollo al sartén con el poro, sazone con una pizca de sal y dore por todos lados.
- Retire unos cuantos trozos y reserve para decorar.
- Vierta el adobo de la licuadora sobre el pollo y el poro en el sartén.
- Deje hervir a fuego medio durante unos minutos para que cambie de color, incorpore el jarabe de agave y mezcle bien.
- Sazone con sal al gusto.
- Añada los pastelitos de arroz escurridos y vierta el caldo restante.
- Cocine a fuego bajo unos 12 – 15 minutos moviendo suavemente. El almidón de los pastelitos de arroz espesará el adobo transformándolo en una salsa densa y brillante.
- Sirva en un tazón bonito y coloque los trozos de pollo cocidos y dorados que había reservado. Esparza ajonjolí tostado. Sirva.




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