martes, 21 de julio de 2026

Melktert: El ícono dulce de Sudáfrica que llegó a mi cocina por el Mundial


¡Hola a todos! Bienvenidos de nuevo al blog. Como muchos de ustedes ya saben, en cada Mundial tengo una hermosa tradición culinaria: preparar y escribir sobre algún platillo típico de los países que están compitiendo en la cancha. Es mi manera de unirme a la fiesta mundialista, viajando a través de los sabores desde mi cocina.

Esta vez, aprovechando que Sudáfrica está jugando en el torneo, decidí que era el momento perfecto para aventurarme con uno de sus más grandes íconos dulces: la tarta de crema sudafricana, conocida tradicionalmente como Melktert (o Milk Tart). Aunque ya tengo bastante experiencia horneando otros tipos de pay, nunca había preparado este postre. Al final, fue un éxito rotundo en casa: preparamos unas versiones individuales para probar y la tarta grande voló de la mesa en un abrir y cerrar de ojos.

Pero más allá de su delicioso sabor y esa textura cremosa espolvoreada con canela, lo que más me fascina es descubrir la historia detrás de cada rebanada. Nadie inventó el hilo negro en la cocina; las recetas viajan con las personas y se transforman con lo que hay en cada tierra. Hoy les quiero platicar cómo nació este postre y cómo una misma idea une a cocinas tan lejanas.

Para entender de dónde viene el melktert, tenemos que viajar en el tiempo hasta el siglo XVII, específicamente al año 1652. En esa época, los colonos holandeses de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales llegaron al Cabo de Buena Esperanza, en el sur de África.

In sus libros de cocina, los reposteros holandeses traían una receta medieval llamada meltart. Era un postre casero muy querido que consistía en una base de masa rellena con una natilla cocida a base de leche, harina y huevo. Sin embargo, al tocar tierra africana, la receta estaba a punto de transformarse para siempre.

Lo que hace que el melktert sea único y diferente a cualquier otro pay de leche es su aromático sello de canela. ¿Cómo llegó ahí? El Cabo de Buena Esperanza no era solo un asentamiento, sino un punto de escala crucial en las rutas marítimas que conectaban a Europa con Asia para el comercio de especias preciosas.

Con este movimiento de barcos, llegaron también cocineros y sirvientes de lugares como Indonesia, la India y Madagascar (la comunidad conocida como los Malayos del Cabo). Ellos enriquecieron la gastronomía local introduciendo especias exóticas. Fue así como la canela se integró de forma generosa a la crema de leche, regalándole ese aroma tan reconfortante que hoy conocemos.

Con el paso de las generaciones, las familias de los pioneros adaptaron la receta europea a la vida diaria del campo. Para hacerla más práctica y ligera, el método evolucionó: en lugar de las masas complejas, perfeccionaron una costra suave, y empezaron a incorporar las claras de huevo batidas a la crema, logrando una textura esponjosa y celestial que se deshace en la boca.

Hoy en día, el melktert es un verdadero emblema nacional en Sudáfrica, tanto así que cada 27 de febrero celebran el "Día Oficial de la Tarta de Crema".

             

Lo más bonito de este experimento fue darme cuenta de que en este mundo no hay nada privado. Una misma base de leche, huevos y harina viajó por el planeta y cada cultura le dio su propia firma, creando postres individuales maravillosos:

  • Portugal (Pastéis de Belém): Nacidos en un monasterio en Lisboa para aprovechar las yemas que sobraban, estos pastelitos apostaron por una masa de hojaldre súper crujiente y una crema que se hornea a temperaturas altísimas para que se caramelice por encima.

  • Francia (Flan Pâtissier): La versión francesa destaca por su elegancia. Es una tarta muy alta, densa y compacta, cuyo sello definitivo es el uso generoso de la vainilla natural en vaina y una superficie perfectamente dorada.

  • Inglaterra (Custard Tart): Un postre viejísimo que se servía en banquetes reales. Su toque individual es que se hornea desde crudo a fuego muy bajito y se espolvorea obligatoriamente con nuez moscada en lugar de canela.

  • Estados Unidos (Cream Pies): Fieles a su estilo abundante, los americanos cocinan la crema pastelera por completo en la estufa, la vierten fría sobre costras que a veces son de galleta molida y coronan todo con montones de crema batida o merengue alto.

  • Asia (Dan Tat): En las panaderías de Hong Kong y Macao, el encuentro entre Oriente y Occidente creó una tarta de huevo de textura impecable, brillante como un espejo, que no lleva ninguna especia para mantener un sabor puro y limpio a leche y huevo.

Como ven, el mundo entero está conectado a través de la mesa. Una misma idea puede cruzar océanos, pero siempre habrá un toque sutil —ya sea la canela sudafricana, la vainilla francesa o el hojaldre portugués— que nos recuerde la identidad de cada rincón del planeta.

Y a ustedes, ¿cuál de todos estos primos lejanos se les antoja preparar primero? ¡Los leo en los comentarios!

            

Melktert sudafricano

Costra:

  • 2 tazas de harina
  • 1 huevo
  • 100 gr mantequilla fría en cubos
  • 2 cucharadas de jarabe de agave
  • 1 pizca de sal
  • Agua helada la necesaria

Relleno:

  • 3 tazas de leche entera
  • 1 raja de canela
  • 1 cucharada de mantequilla
  • 2 cucharadas harina de trigo
  • 2 cucharadas de maicena
  • 3 huevos separados
  • 4 – 5 cucharadas de jarabe de agave
  • 1 cucharadita de vainilla

  1. En un tazón mezcle harina, sal y los cubos de mantequilla. 
  2. Con un tenedor desbarate la mantequilla con la harina hasta que parezca arena húmeda o pan molido grueso.  No utilice la mano para no transmitirle calor.  
  3. Agregue el huevo y el jarabe de agave, una todo rápidamente sin amasar de más, solo hasta que se forme una bola compacta.  
  4. Si la siente seca agregue una cucharadita de agua helada.  
  5. Envuelva en película plástica y deje descansar por 30 minutos.
  6. Extienda la masa con el rodillo y forre un molde para pay de 22 – 24 cm, pique con un tenedor en el fondo, cubra con papel para hornear y encima coloque unos frijoles crudos como peso, hornee a 180°C por unos 15 minutos, retire el peso y deje cocer otros 5 minutos más para que se dore ligeramente. 
  7. Saque y reserve.
  8. Ponga a calentar 2 ½ tazas de leche con la raja de canela y la cucharada de mantequilla. 
  9. Cuando suelte el hervor, apague y retire la canela.  
  10. En la media taza de leche restante, disuelva harina, maicena, jarabe de agave y las 3 yemas de huevo.  
  11. Revuelva bien y añada a la leche caliente y cocine a fuego medio bajo, moviendo para que espese y no se queme, como una crema pastelera densa.  
  12. Apague el fuego y agregue la vainilla.
  13. En un tazón limpio bata las 3 claras de huevo a punto de turrón, que formen picos duros y firmes.  
  14. Con una espátula y movimientos suaves y envolventes, integre las claras a la crema pastelera fría en tres tantos.
  15. Vierta el relleno esponjoso sobre la costra horneada, espolvoree de inmediato una capa generosa de canela en polvo por la superficie.  
  16. Deje que se enfríe completamente a temperatura ambiente y refrigere por un par de horas para que cuaje perfectamente. 


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