viernes, 6 de febrero de 2026

Sopa Rostizada de Jitomate y Algo Más (Para días de frío)

Pasar por casualidad a la casa de mi hermano Roberto resultó ser una de las sorpresas culinarias más gratas de los últimos tiempos. Lo que comenzó como una visita familiar terminó convirtiéndose en una lección de sabor, cuando él y su familia pusieron sobre la mesa un tazón humeante de sopa de jitomate y pimiento rostizado. En lugar de los acompañamientos más elaborados, ellos la sirvieron de forma sencilla con rebanadas de pan crujiente, demostrando que cuando la base está bien hecha, no hace falta mucho más para alcanzar la perfección.

Todo el mundo en casa sabe que yo y las sopas no nos llevamos nada bien; siempre bromean diciendo que me parezco a Mafalda, la protagonista de la epónima viñeta cómica argentina, por mi rechazo casi instintivo a este plato. Sin embargo, esta versión en particular logró romper todas mis defensas desde la primera cucharada. El sabor ahumado de los vegetales rostizados y la profundidad del pimiento crearon una experiencia totalmente distinta a las sopas aguadas y aburridas que suelo evitar, logrando que por primera vez disfrutara genuinamente de un plato de cuchara.

A raíz de este encuentro, he decidido que mi relación con las sopas ha cambiado para siempre, aunque con mis propias condiciones. Estoy convencida de que a partir de ahora me atreveré a preparar versiones así de sustanciosas y con carácter, dejando atrás las recetas insípidas. Eso sí, tengo claro que será un placer reservado exclusivamente para los días en que el frío se haga sentir, pues es en ese clima donde un caldo con tanta personalidad se disfruta de verdad.

Para mi propia versión en casa, decidí hacer un pequeño ajuste para adaptarla mejor a mis preferencias actuales. Aunque la receta tradicional suele ser bastante densa, yo preferí omitir el queso crema y la crema para lograr una textura un poco más ligera y natural. Quería que el protagonismo absoluto se lo llevaran los vegetales y el toque de la albahaca seca, manteniendo la esencia de lo que probé con Roberto pero con una ligereza que la hace más fácil de comer sin perder ni un ápice de su fuerza.

Al final, el resultado fue un éxito rotundo que me dejó muy satisfecha. Estaba realmente rica y confirmó mi teoría de que la clave está en el proceso de rostizado, que transforma ingredientes simples en algo extraordinario. Me da gusto saber que, aunque siga compartiendo el espíritu de Mafalda en muchas cosas, he encontrado una excepción deliciosa que seguramente se convertirá en mi receta estrella para los próximos inviernos.


Sopa de jitomates rostizados

  • 1 k jitomates maduros
  • 2 pimientos morrones rojos
  • 1 cebolla
  • 4 dientes de ajo con piel
  • Albahaca seca
  • 1 litro caldo de pollo o verduras
  • Aceite de oliva el necesario
  • Sal y pimienta negra
  • 2 – 3 cucharadas reducción de vinagre balsámico

Sándwich abierto de queso:

  • 6 – 8 rebanadas de pan de masa madre
  • Mantequilla la necesaria
  • 50 gr queso parmesano rallado
  • 400 gr queso gouda o cheddar rallado
  • Albahaca seca la necesaria

 

  1. Parta los jitomates a la mitad, corte los pimientos morrones en trozos grandes y quite las semillas, rebane la cebolla en rodajas grandes y deje la piel al ajo. 
  2. Coloque todo en una charola de horno y rocíe con sal, pimienta, albahaca seca y aceite de oliva, masajee todo con las manos para que el aceite cubra las verduras. 
  3. Hornee a 180° por 45 minutos aproximadamente para que se rosticen bien. 
  4. Estarán listos cuando la piel del pimiento y del jitomate se dore, así como la cebolla.
  5. Mientras se rostizan las verduras, prepare el pan untando mantequilla en una de sus caras, después se le esparce un poco de queso parmesano y una pizca de albahaca seca.  
  6. Ponga en una charolita y hornee a 180°C por unos 5 minutos o hasta que estén ligeramente dorados.  
  7. Retire del horno. 
  8. Ponga el queso gouda o cheddar rallado encima y regrese al horno para que se derrita.
  9. Muela las verduras, con todo y el jugo que soltaron en la charola, en la licuadora ayudándose del caldo de pollo. 
  10. Añada la reducción de vinagre balsámico, un poco de albahaca seca y rectifique la sazón. 
  11. Sirva acompañado de los panes con queso y un poco de arúgula

   


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