miércoles, 14 de enero de 2026

Croquetas de Bacalao en Corazón de Crema y Huerto

Hubo un tiempo en que el mar era un misterio insondable y la comida, un desafío al tiempo. El bacalao, ese "gigante de las nieves", no siempre llegó fresco a nuestras mesas. Hace siglos, los vikingos y los pescadores vascos descubrieron algo extraordinario: al secar el bacalao al viento gélido o cubrirlo en sal pura, el pescado se volvía eterno. Se transformaba en una piedra salina capaz de cruzar océanos enteros sin perder ni un ápice de su alma. Así, el bacalao se convirtió en el alimento que permitió a los navegantes descubrir nuevos mundos; era el oro blanco de la gastronomía.

Pero, ¿cómo pasamos de un pescado seco a la joya cremosa que es la croqueta? Aquí es donde sucede la magia. Aunque muchos creen que la croqueta es española, su origen es un destello de la elegancia francesa (la croquette). Fue creada para los banquetes de reyes, pero fue el ingenio popular el que decidió unir el tesoro del bacalao con la suavidad de la bechamel.

Lo extraordinario y fabuloso de una croqueta de bacalao no es solo su sabor, sino el milagro de sus contrastes: es una armadura de oro crujiente que, al romperse, libera un corazón fundente, casi líquido, donde el poro, la zanahoria y el perejil bailan en una armonía perfecta. Es el único bocado capaz de ser, al mismo tiempo, rústico y sofisticado; es un abrazo en forma de comida.

A menudo escuchamos que hacer croquetas es una tarea titánica, pero la verdad es un secreto a voces entre cocineros: son un acto de paciencia, no de dificultad. No hay ciencia oculta, solo el mimo de dejar que la leche se espese y el respeto por el frío. Hacerlas es casi terapéutico; bolear cada pieza es darle forma a un pequeño regalo.

Al final, cuando veas ese color dorado en tu cocina y sientas el aroma del bacalao fusionado con la suavidad del poro, entenderás que no estás cocinando una simple tapa. Estás sirviendo siglos de historia y un bocado de gloria.

     

Croquetas cremosas de bacalao

  • 250 gr bacalao seco
  • 1 litro leche
  • 100 gr harina de trigo
  • 100 gr mantequilla
  • 1 poro pequeño, solo lo blanco
  • 1 zanahoria pequeña
  • 1 manojo perejil fresco
  • ½ cucharadita nuez moscada
  • Sal y pimienta al gusto

Para empanizar:

  • Harina la necesaria
  • 2 – 3 huevos batidos
  • Pan rallado el necesario
  • Aceite el necesario

 

  1. Desale el bacalao seco, ponga a cocer y deshebre. 
  2. Pique el poro en cuadritos pequeños. 
  3. Ralle la zanahoria.
  4. Derrita la mantequilla y añada el poro, deje que se ablande por unos 5 minutos a fuego bajo. 
  5. Agregue la zanahoria y cocine otros 5 minutos hasta que ambos estén suaves.
  6. Esparza la harina sobre los vegetales y mezcle bien hasta que se tueste. 
  7. Vaya añadiendo la leche tibia poco a poco mientras continue mezclando. 
  8. Debe quedar una salsa muy espesa.
  9. Añada el bacalao y el perejil. 
  10. Retire del fuego y deje enfriar completamente.  
  11. Unas 4 – 5 horas o de preferencia toda la noche.
  12. Coloque la harina en un platón, los huevos batidos en otro y el pan molido en un tercer platón.
  13. Retire la mezcla de las croquetas del refrigerador.  
  14. Con dos cucharas forme las croquetas.  O retire una porción de la mezcla con las manos engrasadas y forme las croquetas con sus manos.  
  15. Pase primero por harina, después por el huevo y al último por el pan molido.
  16. Caliente el aceite, suficiente para que las cubra y así no absorban tanto aceite. 
  17. Cuando esté caliente pero no humeando, vaya poniendo las croquetas en pequeñas tandas para que la temperatura del aceite no se baje. 
  18. Cuando estén doradas retire y coloque sobre papel absorbente, en una sola capa para que no se apachurren.  Sirva aún tibias con mayonesa de ajo.


Mayonesa de ajo asado

  • 4 – 5 dientes de ajo con cáscara
  • 1 taza de mayonesa
  • 1 chorrito de aceite de oliva
  • 1 pizca de pimienta negre
  • Unas gotas de limón
  • Perejil para decorar

 

  1. Corte un trozo de papel de aluminio, ponga los dientes de ajo con todo y piel en el centro y bañe con un chorrito de aceite de oliva.  
  2. Forme un bolsillo con el papel aluminio, bien sellado.
  3. Meta al horno a 180C por 20 minutos. 
  4. Abra el papel aluminio con cuidado pues soltará vapor caliente.  
  5. Deje que enfríe un poco.  
  6. Corte la base de los ajos y presione, saldrá una pasta de ajo cremosa y de color caramelo. 
  7. En un tazón pequeño mezcle la pulpa de los ajos con la mayonesa. 
  8. Use un tenedor para deshacer bien cualquier trocito de ajo, hasta que la salsa quede lisa. 
  9. Agregue la pimienta negra y las gotitas de limón. 
  10. Deje reposar al menos 30 minutos antes de servir. 
  11. Adorne con unas hojitas de perejil

        

miércoles, 7 de enero de 2026

Masitas de Pan y el "Error de Migue": Cómo un Exceso de Poro y un Toque de Chipotle Crearon el Plato Perfecto.

   

La cocina es un laboratorio de sabores, y a veces, los errores se convierten en los mejores aciertos. Tal fue el caso de nuestro plato, que comenzó con la noble intención de preparar unas auténticas masitas de pan (Semmelknödel), esas albóndigas esponjosas de origen bávaro, perfectas para absorber salsas. Suavemente cocidas y llenas de sabor, estas masitas eran las protagonistas silenciosas de un guiso de champiñones y poro, que prometía ser el acompañamiento perfecto.

Sin embargo, en medio de la euforia culinaria, Migue hizo de las suyas. Donde se esperaba un toque sutil de poro, apareció una generosa montaña. El "pequeño error" de Migue se tradujo en una salsa con menos líquido, sí, pero con una profundidad de sabor inesperada. El poro, dulce y ligeramente anisado, se volvió el centro de atención, transformando el guiso en una versión más rústica y concentrada. Un feliz accidente que, al final, enriqueció el plato de una manera deliciosa.

Una vez servido, el aroma llenó la cocina. Pero en una casa mexicana, por más que la receta tenga un aire europeo, siempre hay espacio para el toque local. Así, Deya, mi nuera, con su paladar experto, encontró la combinación perfecta en el chipotle adobado. Su ahumado y dulzor profundo realzaron los sabores terrosos de los champiñones y el dulzor del poro, declarando que "así estaba mejor". Por su parte, Mario, mi hijo más pequeño, más inclinado a la vivacidad, optó por un generoso chorro de salsa Valentina, cuya acidez brillante cortó la cremosidad del guiso y las masitas, añadiendo ese chispeante sello mexicano.

Y como buena receta de aprovechamiento, las masitas de pan tienen una segunda vida gloriosa. Si acaso sobra alguna, en su natal Alemania (y como bien se nos ha recordado), no se desechan. Al día siguiente, se rebanan, se fríen en mantequilla hasta quedar doraditas y crujientes, y se les puede añadir huevo para hacerlas estilo tortilla o revuelto. Una verdadera delicia para el desayuno o una cena ligera, que transforma las sobras en un manjar renovado. Es la prueba de que un buen plato nunca se va del todo, y que la creatividad en la cocina siempre encuentra nuevas formas de sorprender.

Así, este plato, nacido en Baviera, transformado por un "error" de Migue y adoptado con entusiasmo por el picante mexicano de Deya y Mario, se convierte en una anécdota deliciosa que demuestra que la mejor cocina es la que se comparte, se adapta y se disfruta sin reglas estrictas. ¡Buen provecho!

Masitas de pan Bávaras, Semmelknödel

  • 250 gr pan viejo, bolillo o baguette
  • 250 ml de leche caliente
  • 250 ml de caldo de pollo o de verduras
  • 2 – 3 huevos
  • 3 cucharadas de poro picado
  • 3 rebanadas de tocino picado
  • 2 cucharadas de mantequilla
  • 2 cucharadas perejil picado
  • Sal y pimienta al gusto
  • Ajo y cebolla en polvo al gusto
  • Pan molido el necesario

  1. Corte el pan viejo, bolillo o baguette en cubos pequeños, agregue la leche caliente y el caldo de verduras o pollo y deje que se absorba, si es necesario agregue más líquido. 
  2. Con un prensapuré o con la mano, aplaste el pan para que no queden grumos grandes. Desheche el exceso de líquido.
  3. Fría el tocino con la mantequilla, cuando esté casi dorado agregue el poro para que se cueza, vierta sobre la mezcla de pan con leche, así como el perejil picado, sazone con ajo en polvo, cebolla en polvo, sal y pimienta. 
  4. Si la mezcla está muy húmeda y no se pueden hacer bolitas, agregue el pan molido necesario, poco a poco para que tome cuerpo.
  5. Ponga abundante agua en una olla y deje que hierva, agregue un poco de sal, baje el fuego.  Forme una bolita de pan pequeña y vierta en el agua hirviendo, si no se desbarata ya tiene la consistencia necesaria, forme las bolas del tamaño deseado y deje que se cueza, alrededor de 20 minutos. 
  6. No ponga muchas para que no se baje mucho la temperatura del agua. 
  7. Cuando las masitas de pan suben a la superficie, deje cocer unos dos o tres minutos más y ya están listas. 
  8. Vierta sobre el guiso que vaya a utilizar y disfrute.

Guiso de champiñones y poro

  • 1 k de champiñones
  • 1 poro grande en cubitos
  • 1 diente de ajo picado
  • 1 taza de crema
  • 1 taza caldo de verduras o agua
  • 2 cucharadas de mantequilla
  • 1 mazo de perejil picado
  • El jugo de 1 limón
  • Nuez moscada, sal y pimienta al gusto

  1. Rebane o corte en cuartos los champiñones. 
  2. En una olla ponga la mantequilla y fría los champiñones, hasta que suelten su agua y se vean doraditos. 
  3. Baje el fuego, agregue el poro y fría hasta que esté cocido, añada el ajo picado y cocine un poco más.  
  4. Vierta el caldo y deje que se reduzca a la mitad, agregue la crema y deje que hierva a fuego lento.  Sazone con sal, pimienta y nuez moscada.  
  5. Agregue el perejil fresco y el jugo de limón.  
  6. Sirva en un plato y añada las masitas de pan.



sábado, 3 de enero de 2026

Biscotti de almendra: Un viaje de la Toscana al plato de Santa Claus.

El crujiente secreto de mi Navidad: Cantucci para Santa

Más allá de las clásicas galletas de mantequilla, este año decidí que el viaje de Santa Claus por el mundo merecía una parada con sabor a la Toscana. Los Cantucci, esos pequeños tesoros de almendra, no son una simple galleta; son auténticas "piedras preciosas" de la repostería que esconden un secreto fascinante: su increíble capacidad de conservación. Antiguamente, se decía que eran el único dulce capaz de cruzar océanos sin perder su esencia, lo que los convierte en el combustible perfecto para un viaje en trineo alrededor del planeta.

Lo que hace a estos bizcochos algo extraordinario es su curiosa relación con la paciencia. A diferencia de otros postres que se buscan por su suavidad, el Cantuccio desafía al paladar con su firmeza, invitando a un ritual casi sagrado: el de ser sumergidos. Mientras esperaba la medianoche del 24, imaginaba a Santa agradeciendo ese toque crujiente que, al contacto con un poco de leche o café, se transforma en una explosión de sabor a almendra tostada y vainilla, revelando una textura que ha enamorado a papas y reyes desde el Renacimiento.

Prepararlos fue una experiencia sensorial, pero también un ejercicio de vigilancia extrema. El aroma que desprenden durante el segundo horneado —ese momento mágico donde se vuelven eternos— es tan hipnótico que actúa como un imán para los "duendes" de mi propia casa. No exagero cuando digo que tuve que improvisar un escondite de emergencia; en cuanto la bandeja tocó la encimera, empezaron a aparecer manos por todas partes intentando interceptar el cargamento antes de que llegara a su destino final bajo el árbol.

Fue una carrera contra el tiempo y el apetito familiar. Tuve que guardarlos bajo llave casi antes de que terminaran de enfriarse, recordándoles a todos que un buen Cantuccio es un premio a la resistencia. Al final, logré rescatar una buena ración para Santa, convencida de que, tras probar esta joya de Prato, mi casa será la primera que visite el próximo año. ¡Una receta que une la historia italiana con la magia de nuestra Navidad!

Biscotti de Almendra, Cantucci

  • 300 gr harina
  • 200 gr azúcar
  • 3 huevos
  • 50 g mantequilla sin sal
  • 150 gr almendras enteras
  • 1 cucharadita polvo para hornear
  • ½ limón su ralladura
  • 1 cucharadita vainilla
  • 1 pizca de sal


  • Precaliente el horno a 180°C y prepare una bandeja para hornear con papel de horno.
  • Bata los huevos con el azúcar, vainilla, ralladura de limón y sal hasta que la mezcla esté pálida y espumosa, agregue la mantequilla derretida y mezcle bien.
  • En un tazón aparte, mezcle la harina con el polvo para hornear. 
  • Incorpore gradualmente los ingredientes secos a la mezcla de huevos y azúcar hasta que ser forme una masa espesa y pegajosa. 
  • Añada las almendras enteras a la masa.
  • Enharine ligeramente sus manos y la superficie de trabajo. 
  • Divida la masa en dos porciones iguales. 
  • Forme dos cilindros largos de unos 25 – 30 cm de largo y 4 – 5 cm de ancho. 
  • Coloque los cilindros separados en la bandeja para hornear preparada. 
  • Hornee durante 20 a 25 minutos o hasta que estén dorados por fuera y firmes al tacto.
  • Saque la bandeja del horno y reduzca la temperatura a 160°C.  
  • Deje que los cilindros se enfríen solo por unos 10 minutos, con un cuchillo de sierra corte los cilindros en reganadas diagonales de 1 cm de grosor.
  • Vuelva a color las rebanadas cortadas en la bandeja, con un lado cortado hacia arriba. 
  • Hornee por segunda vez durante 6 – 7 minutos de un lado, voltee los biscotti hasta que estén secos y crujientes, dejando unos minutos más en el horno. 
  • Retire del horno y deje que se enfríen por completo en una rejilla. 
  •  Se pondrán más crujientes al enfriarse. 
  • Guarde en un recipiente hermético a temperatura ambiente, se conservan perfectamente durante varias semanas.


            

jueves, 1 de enero de 2026

Mermelada de Tocino con Whisky y Chipotle: El Glaseado Definitivo para tus Carnes

Este es el inicio de un nuevo año y, por ende, el inicio también de una nueva selección de recetas que nos colmaran de dicha y felicidad. La cocina siempre es un lugar para experimentar y, por ende, este año vamos a tener un tanto de eso mismo.

Hay ciertas combinaciones de sabor que son un verdadero desafío al paladar, y nuestra mermelada de tocino es una de ellas. Este no es un condimento dulce para el pan de la mañana, sino una creación compleja que abraza los extremos: lo salado y ahumado del tocino, lo dulce y meloso del jarabe de agave caramelizado, el calor profundo y terroso del chipotle, y el toque alcohólico y robusto del whisky. El resultado es un manjar denso y oscuro, lleno de trocitos de carne y poro, que demuestra cómo la alquimia culinaria puede transformar ingredientes sencillos en una salsa de sabor extraordinario, perfecta para elevar cualquier plato simple a la categoría gourmet.

La mermelada de tocino, conocida en inglés como bacon jam, es un concepto relativamente reciente que ha ganado popularidad en el mundo de la gastronomía de confort. Aunque las conservas de carne no son nuevas (pensemos en el rillette francés o el bacon chutney británico), esta versión moderna nació en los Estados Unidos, donde el tocino es casi una religión. La idea central es tomar un ingrediente amado por su grasa y sabor umami (el tocino) y utilizar técnicas de confitado para crear una conserva estable, versátil y, sobre todo, adictiva. La adición de elementos como el café, el jarabe de maple y, como en nuestro caso, el whisky y el chipotle, le da una identidad única y muy audaz.

La clave de su éxito reside en el proceso. La paciencia es fundamental, pues primero se debe cocer el tocino lentamente hasta que esté crujiente, luego se confitan el poro y se caramelizan con el jarabe de agave y la reducción de líquidos. Es en este punto donde la magia de los sabores se ancla: el chipotle no solo aporta un picante agradable y sutilmente ahumado, sino que también realza la terrosidad de la carne. El chorrito de whisky no se añade solo por el alcohol, sino porque sus taninos y su carácter a roble cocido intensifican el sabor caramelizado y añaden una capa de sofisticación que perdura en el regusto, haciendo de cada bocado una experiencia memorable.

He aquí donde la versatilidad de este condimento brilla. Si bien la mayoría la sirve como un topping para hamburguesas o una delicia en tablas de quesos, hoy quise ir un paso más allá en mi viaje culinario. Decidí utilizar la mermelada de tocino como un glaseado atrevido para una sencilla milanesa de cerdo, que acompañé con nopalitos y jitomate. La riqueza y el dulzor salado del glaseado de agave se funden sobre la carne magra, creando un equilibrio perfecto. La acidez del jitomate y lo terroso de los nopalitos limpian el paladar, permitiendo que la riqueza del glaseado y la textura crujiente del tocino brillen por completo.

Esta mermelada de tocino con whisky y chipotle es la prueba de que un plato puede ser elegante sin ser complicado. Es la herramienta secreta que necesitamos para infundir un sabor profundo y un toque de sorpresa a nuestros clásicos. Los invito a preparar este manjar y a descubrir, como yo, que el tocino no solo es un acompañamiento, sino el corazón de una de las salsas más emocionantes que he añadido a mi repertorio de cocina.

Mermelada de tocino, whisky y chipotle

  • 500 gr tocino ahumado
  • 1 poro rebanado fino
  • 3 dientes de ajo picado
  • 1 – 2 chipotles en adobo o al gusto
  • 1/3 taza vinagre de sidra
  • ½ taza café negro fuerte
  • ½ taza whiskey
  • ½ a ¾ taza de miel de inulina
  • Sal y pimienta al gusto

  1. Pique el tocino, fría en un sartén de fondo grueso a fuego medio hasta que esté crujiente. 
  2. Retire el tocino con una cuchara ranurada y reserve.
  3. Deje en el sartén de 2 a 3 cucharadas de la grasa del tocino y guarde el resto. 
  4. Agregue el poro y cocine hasta que esté suave. 
  5. Agregue el ajo y el chipotle picados. 
  6. Cocine por unos minutos más hasta que estén muy aromáticos.
  7. Agregue el vinagre de sidra y el café negó. 
  8. Revuelva vigorosamente, raspando el fondo para incorporar los trozos caramelizados. 
  9. Agregue el whisky y la miel. 
  10. Deje que hierva suavemente para que el alcohol se evapore.
  11. Añada el tocino y sazone con sal y pimienta. 
  12. Reduzca el fuego a bajo y cocine a fuego lento, revolviendo ocasionalmente, durante 30 a 45 minutos o hasta que se evapore el líquido y la mezcla se espese hasta tener la consistencia de mermelada.
  13. Retire del fuego cuando haya alcanzado la consistencia deseada.  Deje enfriar completamente.  Guarde en frasco de vidrio y refrigere.



Editado por Mario Alberto Vázquez Rosas.
Fotografía por Emelina Rosas León. Imágenes editadas por medio de Inteligencia Artificial.

martes, 16 de diciembre de 2025

El Pastel de Chile Poblano: un abrazo cremoso con historia

¡Bienvenidos, viajeros culinarios! Hoy celebramos uno de los sabores más reconfortantes de México: el noble chile poblano. Este fruto, tan nuestro, tiene un carácter único: es suave, ligeramente dulce, con un fondo ahumado que enamora. Y cuando lo llevamos al horno convertido en un cremoso Pastel de Chile Poblano, sucede la magia: capas suaves, aroma acogedor y una costra dorada de queso que invita directamente a la nostalgia.

El chile poblano es un auténtico pilar de nuestra cocina, con una historia tan profunda como la del país que lo vio nacer. Originario de Puebla —de donde toma su nombre— ha sido cultivado desde tiempos prehispánicos. Su tamaño generoso y su piel oscura y brillante lo convirtieron en el lienzo perfecto para la creación de uno de los platos más barrocos del mundo: el majestuoso Chile en Nogada. Cada vez que cocinamos con poblano, tocamos siglos de tradición agrícola y culinaria.

Y si algo hace especial a este chile es su doble vida. ¿Sabías que el poblano, al secarse bajo el sol, renace como el profundo y aromático chile ancho? Es como si una misma semilla guardara dos almas: la frescura tatemada del poblano y la riqueza aterciopelada del ancho. Dos sabores distintos, dos historias en un solo fruto.

Para que este pastel sea inolvidable, la clave está en el tatemado. Asar los chiles no es solamente retirar la piel: es un ritual que despierta su perfume dulce y ahumado, suaviza la carne y prepara el alma del platillo. Cuando la piel está ampollada y ligeramente negra, sabemos que ya nos espera ese sabor tan característico. Después, solo es cuestión de pelarlos, desvenarlos y colocarlos como mantos verdes que se intercalan con una mezcla de lácteos, huevos y tu queso favorito —Oaxaca o Chihuahua funcionan de maravilla— para formar las capas que se fundirán lentamente en el horno.

El resultado es un pastel suave, cremoso por dentro, con una cubierta ligeramente crujiente y ese sabor profundo que reconforta desde el primer bocado. Es el tipo de receta que abraza, que huele a hogar y que siempre funciona para una comida familiar. Acompáñalo con arroz blanco para redondear la experiencia.

Y como siempre, me encantará leer cómo te quedó tu propia versión de este clásico. ¡Buen provecho, viajeros culinarios!


Pastel de chile poblano

  • 6 – 8 chiles poblanos grandes
  • 2 tazas de queso rallado (manchego, chihuahua, Oaxaca o una mezcla)
  • 4 huevos
  • 1 taza de crema
  • 1 taza de leche
  • 1 cucharada de maicena
  • ½ cucharadita de sal
  • Pimienta al gusto
  • Cebolla y ajo en polvo al gusto
  • Mantequilla para engrasar el molde

 

  1. Ase, limpie y desvene los chiles poblanos. Abra como láminas.
  2. En un tazón mezcle la mezcle huevos, crema, leche, maicena, ajo en polvo, cebolla en polvo, sal y pimienta.
  3. Engrase un molde refractario y ponga una capa de chiles poblanos extendidos, encima ponga un poco de queso y parte de la mezcla de leche y huevos, repita hasta terminar, unas 3 o 4 capas. 
  4. Al terminar ponga el resto de la mezcla de leche y huevos y termine con una capa de queso.
  5. Hornee a 180°C de 35 a 45 minutos o hasta que el pastel esté firme y doradito por arriba.  Deje reposar unos 15 minutos antes de cortar para que no se desbarate

jueves, 11 de diciembre de 2025

Barbacoa estilo Sonora con carne de res

La barbacoa es uno de los platillos más representativos de la cocina mexicana, pero como ocurre con muchas recetas tradicionales, su preparación cambia según la región. En el norte del país, particularmente en Sonora, la barbacoa adquiere una personalidad distinta: se hace principalmente con carne de res, cocinada lentamente hasta que se deshace y con una sazón más sobria pero intensa, para resaltar el sabor natural de la carne. Es un platillo que suele acompañarse con tortillas de harina, cebolla morada, chiltepín y unas gotas de limón.

A diferencia de la famosa barbacoa del centro de México, como la de Hidalgo, donde se utiliza carne de borrego y se cuece en un horno de tierra cubierto con pencas de maguey, la versión sonorense se cocina de forma más práctica. Aquí se prepara en ollas, ya sea de presión o a fuego lento, y no se usan pencas ni hoyo en la tierra. Además, los sabores del norte tienden a ser más directos, con menos especies dulces o aromáticas, pero no por eso menos sabrosos.

La receta que preparé es una adaptación casera del estilo de Sonora. Utilicé chambarete de res, marinado con chiles secos, ajo, cebolla y un toque de vinagre. Después de varias horas de cocción, la carne quedó tan suave que se deshacía con el tenedor. La serví en tacos con cebolla blanca picada y aguacate, en tortillas de maíz calientitas, aunque también podría disfrutarse en burritos o acompañada con frijoles refritos al estilo norteño.

Este tipo de barbacoa me encanta porque combina lo rústico y lo práctico. Tiene ese aire campirano del norte, donde los sabores intensos y sencillos son protagonistas. Aunque la barbacoa del centro es una joya culinaria por su técnica ancestral, esta versión sonorense demuestra que la diversidad regional en México es una riqueza que se saborea con cada bocado.


Barbacoa estilo Sonora con carne de res

  • 1 ½ k carne de res (chambarete, espaldilla o costilla o una mezcla)
  • 3 chiles pasilla
  • 2 chiles guajillo
  • 4 dientes de ajo
  • ½ cebolla
  • 1 cucharadita de orégano
  • 1 cucharadita de sal con ajo
  • Sal y pimienta
  • ½ taza jugo de naranja

  1. Hidrate los chiles, quite las semillas y licúa con ajo, cebolla, orégano, sal, pimienta y jugo de naranja. 
  2. Vierta lo molido sobre la carne y marine mínimo 2 horas o toda la noche.
  3. Coloque todo en una olla de presión o de cocción lenta. 
  4. Agregue agua al ras de la carne. 
  5. Sazone con sal y pimienta.
  6. Cocine por 1.5 a 2 horas en olla de presión o 6 – 7 horas a fuego bajo en olla normal. 
  7. Deshebre la carne y sirva con tortillas de harina o de maíz, cebolla morada, salsa de chiltepín y limón.

martes, 9 de diciembre de 2025

Rollo casero en salsa





En mi cocina, este platillo nació de la paciencia y el antojo de algo especial. Tomé unos bisteces delgados de cerdo y los acomodé en forma de rectángulo, como si fueran un lienzo en blanco. Los barnicé con un toque sutil de salsa macha de chipotle, que aportó carácter y un aroma ahumado apenas picante.

El relleno fue la verdadera sorpresa: queso crema suave, mozzarella, huevos, champiñones dorados y perejil fresco, todo mezclado hasta formar una crema untuosa y aromática. Esa mezcla, extendida sobre la carne, prometía desde el inicio un resultado jugoso y diferente.

Al enrollarlo y envolverlo en papel aluminio, se transformó en un paquete de sabores, listo para descansar en el horno. Durante los 75 minutos de cocción, la casa se llenó de un olor reconfortante, mezcla de especias y calor hogareño.

El momento de cortar las rebanadas fue un deleite: capas perfectamente definidas de carne tierna abrazando un relleno cremoso y dorado, con destellos verdes de perejil. Un plato que no solo alimenta, sino que invita a celebrar.

Este rollo casero de carne en salsa cremosa es prueba de que la cocina no necesita complicarse para ser elegante. Con ingredientes sencillos y un poco de creatividad, se logra un platillo que brilla en la mesa y conquista a todos con su sabor.




Rollo casero de carne en salsa

  • 700 gr bisteces delgados de cerdo
  • Sal y pimienta negra al gusto
  • ½ taza salsa macha de chipotle
  • 300 gr queso crema
  • 100 gr queso mozzarella rallado o en rebanadas
  • 200 gr champiñones en láminas
  • 2 huevos
  • 1 cucharadita de ajo en polvo
  • 2 cucharadita de cebolla en polvo
  • 3 cucharadas de perejil fresco picado

  1. En una tabla acomode un papel de aluminio y un pliego de película plástica. 
  2. Coloque los bisteces de cerdo en forma de rectángulo, superponiéndolos ligeramente para que al enrollar no se abran. 
  3. Sazone con sal y pimienta.
  4. Barnice con una capa muy ligera de salsa macha de chipotle.
  5. En una sartén saltee los champiñones hasta que estén dorados. 
  6. En un tazón, mezcle los champiñones con el queso crema, el queso mozzarella, los huevos, el ajo en polvo, la cebolla en polvo y el perejil picado. 
  7. Revuelva hasta que se integre todo.
  8. Extienda el relleno sobre la base de carne, dejando unos centímetros en la orilla para que no se desborde al enrollar. 
  9. Enrolle con cuidado y apretando bien para que el relleno quede adentro. 
  10. Envuelva bien ajustado con la película plástica y después con el papel de aluminio, cerrando bien los extremos.
  11. Hornee en el horno precalentado a 190°C, durante 75 minutos. 
  12. Retire del horno, deje reposar unos 10 minutos antes de desenvolver y cortar.
  13. Rebane en medallones cubra con la salsa de su preferencia y acompañe con ensalada fresca, puré de papa, espaguetti o verduras al vapor.

 



(Fotografia por Emelina Guadalupe Rosas León. Imágenes mejoradas por Inteligencia artificial)