Este pastel de piña es una verdadera joya de la repostería casera, destacando por una característica que desafía la lógica convencional del horneado: no contiene ni una gota de mantequilla ni de aceite. En un mundo donde estamos acostumbrados a que la esponjosidad dependa de las grasas añadidas, este postre logra una textura increíblemente húmeda y suave gracias a la magia química entre el bicarbonato y la acidez natural del jugo de piña. Es la prueba de que la sencillez puede ser extraordinariamente deliciosa.
Históricamente, este tipo de recetas ganaron popularidad en épocas de racionamiento o crisis, como durante la Gran Depresión o la Segunda Guerra Mundial, cuando ingredientes como la mantequilla eran lujos escasos. Las amas de casa ingeniosas descubrieron que las frutas enlatadas no solo aportaban dulzor, sino que sus jugos servían como el agente emulsionante perfecto. Así nació este "pastel de despensa", que pasó de ser una solución de emergencia a un clásico reconfortante que ha sobrevivido generaciones.
Lo que hace a este pastel algo fuera de lo común es su capacidad de transformarse en el horno. Al no tener grasas pesadas, el sabor de la piña brilla con una intensidad pura y tropical. El resultado no es un pan seco, sino un bizcocho denso y jugoso que casi se deshace en la boca, con tropezones de fruta que caramelizan ligeramente en los bordes del molde, creando un contraste de texturas que sorprende a cualquiera que lo prueba por primera vez.
Es el acompañante ideal para una tarde de café o té, precisamente porque se siente ligero pero profundamente satisfactorio. Su aroma, que inunda la cocina con notas de vainilla y fruta dulce mientras se hornea, es una invitación irresistible al hogar. Es un postre honesto, sin pretensiones, que demuestra que con un par de latas de la alacena y unos cuantos básicos se puede crear una experiencia gourmet que deleita el paladar y reconforta el alma.
Pastel Milagro de Piña
- 2 tazas de harina
- 1 ½ tazas de azúcar
- 1 cucharadita de bicarbonato
- ½ cucharadita de sal
- 2 huevos
- 1 lata de piña con todo y el jugo
- 1 cucharadita de vainilla
- Engrase y enharine un molde rectangular. Precaliente el horno a 175°C.
- Mezcle harina, azúcar, bicarbonato y sal en un tazón grande y haga un hoyo en el centro, agregue los huevos, la vainilla y la piña picada con todo y su jugo.
- Mezcle hasta que todo se integre.
- Vierta la mezcla en el molde preparado y hornee por 35 – 40 minutos o hasta que al insertar un palillo este salga limpio y el pan esté dorado.
- Deje enfriar.
- Puede servir así o espolvorear con azúcar glas.









