martes, 4 de marzo de 2014

Un suspiro en la cocina, la recompensa de nuestro arduo camino.

En palabras del gato de Cheshire creado por Lewis Carrol, “puedes llegar a cualquier parte, siempre que andes lo suficiente”.
Es una frase un tanto simple pero con un significado un tanto más profundo. A diferencia de ciertas frases, no te marcan el hecho de que si te esfuerzas llegarás a cierto objetivo. Aquí el gato nos dice que no importa lo que hagamos, llegaremos a algún lado. Cierto, quizá no sea el resultado que queramos, pero será un resultado. Así pues, al tener infinito y un caminos distintos, tenemos que nosotros elegir por cual ir. Aunque podemos ir por la deriva y esperar por lo mejor, también podemos tomar al toro por los cuernos y elegir el camino que nosotros queramos, no el que nos toque.
Para llegar a un fin, siempre debemos esforzarnos, trabajar con anticipación, planear; pero a veces estamos tan ocupados que nos dejamos guiar por la corriente y entre tanto planeamiento perdemos de vista tantas cosas no planeadas que nos pueden echar a perder nuestro “gran plan”. Por ejemplo, una de las cosas más olvidadas es la comida. En estar de un lado al otro sin detenernos, no muchas veces nos detenemos a abrir el refrigerador y preparar la comida. Total, decimos, siempre es más fácil pasar a un restaurante de comida rápida y llevarnos el sándwich o la hamburguesa. Cada vez cocinamos menos por esto mismo, consideramos que la cocina es difícil, y cuando ponemos un programa de cocina, vemos que el chef utiliza ingredientes que son casi imposibles que el espectador obtenga. Esto, más el hecho de que no suelen hacer cosas fáciles pero sabrosas, es algo que nos detiene, que nos disuade de entrar a la cocina a menos que sea necesario.

Es por eso que tenemos que darnos un suspiro, hacer la comida es sorprendentemente fácil, y tan rápido, que podemos darnos el tiempo en nuestro atareado modus vivendi. Por eso les traigo esta receta, no será nada mágica como los hongos de Alicia en el país de las Maravillas, ni tan difícil de tratar como Humpty Dumpty, y es tan sencilla de hacer que solamente necesitamos de pequeños suspiros de nuestro día. El primer ponemos nuestro pollo a marinar y hacemos nuestro empanizado (que guardaremos en un frasco), y al día siguiente lo empanizas y lo pones en tu horno eléctrico para que sin mucho barullo se cocine. Un total de 10 minutos, repartido en dos días. Bastante rápido, ¿no creen?
Aquí tienen al pollo, peleando entre ellos.


Empanizado de coco




2 tazas de hojuelas de maíz (corn flakes)
½ taza de coco deshidratado
½ taza de nueces
1 cucharadita sal
3 cucharadas de pan molido
½ cucharadita de pimienta
Marinada:
2 tazas de yogurt
2 cucharadas de salsa valentina o al gusto
2 cucharaditas de ajo picado
1 cucharadita de cebolla en polvo
1 cucharadita de sal
6 piezas de pollo o 1 kilo de camarones

En una bolsa hermética ponga el yogurt, la salsa valentina, el ajo picado, la cebolla en polvo, la sal y los camarones y dejamos marinar por mínimo 2 horas (hasta 24 horas)
En la licuadora o el procesador ponga las nueces, el coco, las hojuelas de coco, el pan molido, sal y pimienta.
Vierta en una charola y empanice el pollo o los camarones marinados (sin secar)  Acomode en una charola engrasada ligeramente y hornee a 180°C por 30 minutos, voltee las piezas  si son muy grandes y deje en el horno por 15 minutos más, si es el pollo, si son los camarones, solo se deberán hornear 30 minutos en total.  Sirva caliente.
El guacamole lo puede agregar a su antojo. Rico rico.




























(Editado por: Mario Vázquez)

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